Gerardo Martínez: de "servicio" de la dictadura a alternativa de la "izquierda K"
- 16 jul 2011
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Actualizado: 17 mar 2025
La revelación de la prestación de servicios de Gerardo Martínez al Batallón 601 no debe asombrarnos.
Tampoco la estrategia que venía elaborando desde la casa rosada Zannini para reemplazar con el secretario general de la UOCRA el liderazgo de Hugo Moyano.
La utilización de destacamentos de dicha burocracia sindical como fuerza de choque ya es un clásico y los maestros recientemente apaleados en Santa Cruz han experimentado en carne propia los servicios prestados por la dirección de la UOCRA al gobierno K.
Otro elemento que tampoco debiera causarnos asombro es que detrás del experimento estén los mismos estrategas que pretenden correr con La Cámpora a una legión de caudillos tradicionales del conurbano.
A los adolescentes todo terreno que centraliza nacionalmente el cristinismo les suelen dar órdenes de servir a señores feudales como Gildo Insfrán, luego del brutal asesinato de tobas en Formosa, como de representar la ideología de una supuesta izquierda bonaerense con el mismo apasionamiento rentado.
Más importante es reflexionar sobre cuál es el tipo de representación de diversos sectores sociales que el gobierno pretende apuntalar y del desafío al que dicho cuadro nos convoca.
Si hacemos un poco de historia, la única movilización pública con componentes explícitamente xenófobos desde la recuperación de nuestra democracia fue – hace ya unos cuantos años- una de la UOCRA de Martínez en la que la consigna dominante era “yo no soy bolita, soy argentino y peronista” bajo la mirada entre azorada y horrorizada de las clases medias porteñas.
El cálculo de Cristina - Zannini para el entronamiento de Martínez es (o era) una carambola perfecta que apunta, por un lado, al hartazgo de la sociedad con Hugo Moyano, pero por otro, a un segmento del empresariado deseoso de alguna forma de orden, casi, a como dé lugar.
La cuestión de fondo es que dicho orden se concibe desde un inmediatismo endeble, a partir de representaciones que pueden explotar en las narices de quienes anhelan salidas que son, en verdad, falsos atajos.
El acercamiento más próximo en el tiempo a un proyecto de democratización y pluralización de la vida sindical había sido la constitución de la CTA, cuyos principales sindicatos, eran lo que una vieja y genérica literatura identificaba como “sindicatos de clase media” (estatales y docentes).
El gobierno de los Kirchner se encargó de ahogar y liquidar dicha alternativa sindical, que ya antes de la actual crisis oscilaba entre un oficialismo pusilánime y un oficialismo confuso.
La desnaturalización y colonización fanática de una “sociedad civil” cada vez más reducida a un cúmulo de “orgas” paraestatales, es, junto al enriquecimiento ilícito, lo más importante del proyecto gubernamental.
Tanto, que la degradación de una parte de lo que alguna vez representó a los derechos humanos, la academia o la cultura, probablemente sobreviva al actual régimen.
El tamaño de lo que es necesario “deconstruir” es aún mayor en el contexto de una sociedad que, contrariamente al relato oficial, se ha mayoritariamente reempobrecido, tanto en términos materiales como morales.
Una verdadera reconstrucción de las representaciones y del país debe comenzar, como lo ha pregonado hasta el cansancio la Coalición Cívica, con una alternativa nacional de ejemplaridad, transparencia, dignidad y República.