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Las líneas que nunca hubiera deseado escribir

  • 9 may 2013
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 7 mar 2025

Antes de ayer falleció mi viejo. Hecho injusto, antes de tiempo. Sus 76 años fueron generosos, laboriosos e intensos.


Se me representa haciendo con sus propias manos los cimientos de la que fue nuestra casa a partir de mis seis años. Construyendo y pintando mis primeros juguetes.


Trabajando en una interminable lista de oficios, que recordaba risueñamente.

A pesar de contar - hombre de la calle - sólo con un segundo año de ingeniería en la UTN, sorprendió, por ejemplo, a técnicos alemanes cuando construyó un horno adaptándolo completamente a materiales y normas locales.


En su paso por numerosas fábricas (Dálmine Siderca, RAGOR y tantísimas otras como trabajador independiente) revolvía, para solucionar problemas, en los secretos de lo que juzgaba capacidades e incapacidades del trabajo en las plantas.

Fue desde visitador médico hasta vendedor de libros.


Se desorientó cuando - contra toda su historia - no creyó que iba a quedar desocupado, o que su casa iba a correr riesgo de remate.

Quizás su corazón no se acostumbró a los ACVs de su cabeza y a la muerte, hace un año, de su esposa, mi madre, y su enfermedad.

A mis hermanas les decía que la extrañaba. A mí, sólo que había comenzado Dibujo y que mirara a Lilita, Lanata o Independiente en la tele.


Mis amigos me hicieron notar que en las pocas ocasiones en las que contó con algo de dinero o con auto, los mismos eran para todos. "No es habitual que alguien, ante un problema familiar te de la llave del auto sin preguntar" me decía alguien que lo quiso.


Imposible no tener presente hasta casi ayer, las fiestas familiares con cantantes y músicos amigos en el piano: Juan Carlos, Hugo, Guillermo Galvé, Bongo Farías Gómez, entre otros. Trabajador desde muy, muy joven, me confesaste que se te aflojaron las piernas cuando te dije que iba a estudiar Filosofía, pero me bancaste igual.


Fue afortunadamente corta la lógica etapa de las peleas.

No les alcanzaba, ni a vos ni a mamá, con acompañar las actividades de hijos y amigos sino que iban por más. Como cuando organizaste las primeras funciones de Ballet con bailarines del Colón en Lomas.


Las huellas que dejan en una cantidad tan grande de gente son imborrables.

Hasta siempre, papá.


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