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Venezuela: ya no es posible callar

  • 27 feb 2014
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 7 mar 2025

Ya no es posible callar fue publicado por Roger Garaudy a partir de la complicidad de sus compañeros del Partido Comunista Francés con la regresión neoestalinista iniciada en ocasión de la entrada de los tanques soviéticos a Checoeslovaquia a fines de los años 60.

Si los asesinatos de estudiantes a manos del tosco presidente de Venezuela no suscitan un punto de inflexión parecido en nuestro continente, es dudoso que algún otro acontecimiento pueda desanestesiar a quienes alguna vez fueron "intelectuales críticos". Así como el justicialismo se especializa en mantener sometido a un ejército de clientes pobres transformando lo que deberían ser derechos universales modernos en dádivas para los amigos de una facción; el neoestalinismo se especializa, a través de sus múltiples agencias, en transformar intelectuales en escribas, al servicio de cualquier causa. A tal punto estamos en un punto de inflexión, que el desastre de la barbarie venezolana ha logrado un extraño milagro. En el continente más desigual del planeta, el más superficial de los anticomunistas vulgares tiene hoy mayor legitimidad que aquellos que rehúyen la "pequeña" cuestión: la de las fuerzas venezolanas disparando plomo a la cabeza de los manifestantes.

Sucede que ni el chavismo ni el kirchnerismo están preparados para irse quedando sin obreros y sin estudiantes.

Descubren en el ocaso de sus larguísimos y desastrosos gobiernos que todos "son de derecha". Laclau los convenció de que el "pueblo" es un significante vacío, como casi todo lo que puede ser formulado, y hay que reconocer la transitoria y cortoplacista eficacia de dicha mirada. Permite contar con un relato que ya no requiere de las molestias de ningún anclaje social ni de ninguna correspondencia con el mundo. Clases sociales (las que gusten), imperialismo, oligarquía, buenos y malos, pueden fácil y arbitrariamente acomodarse a cualquier casillero y como a muchos lectores de horóscopos, a los cientistas sociales "contenidos" siempre les resulta... Pero todo se reduciría a una mera polémica teórica o política si no mediara el hecho doloroso e indignante de crímenes de estado y torturas ninguneados y respondidos con monserguitas ideológicas por ex militantes de derechos humanos.

Ya en cierta ocasión, un kirchnerista incalificable, reconociendo la responsabilidad de la corrrupción y de De Vido en la masacre de Once, me espetó "y después de todo... que significan 52 muertos para todo un proceso histórico?".

María Elena Walsh decía que cada vez que se ejecuta una pena de muerte la humanidad retrocede en cuatro patas. Yo aún tengo esperanzas en una humanidad que plante límites. Pero veo a mi alrededor, todavía, demasiados ex militantes de causas nobles y demasiados académicos integrados a un país de ficción, que han comenzado a retroceder en cuatro patas. Que cierran filas ante pretendidas "razones de estado" y rarísimos argumentos de supuestas izquierdas. Para colmo de males, ya no se trata de los hombres mayores que hace 30 o 40 años todavía podían observar los rastros de una isla azucarera que había logrado envidiables niveles de igualdad, con una población alimentada, sana y educada. Se trataba de un momento histórico en el que el igualitarismo disimulaba las inconsistencias del sistema político juzgadas desde una perspectiva de apego a la libertad. Pero el tiempo pasó. Y de la anacrónica idolatría a "Fidel" los defensores de las "razones de estado" descendieron a la idolatría a Chávez. Y de Chávez a la defensa del iletrado Maduro en el marco de la defensa de sociedades empobrecidas y partidas (los chicos flashean que esa debe ser la famosa "lucha de clases"). Sociedades que pueden nadar en petróleo pero que no han resuelto problemas elementales de papel higiénico y alimentos...

En este descenso latinoamericano a los infiernos; en este cóctel de neoestalinismo, peronismo, "razones de estado", ideología y pobreza, campea la razón de la sinrazón y una adulteración del lenguaje en la que todo puede ser dicho. En el reino del revés las fuerzas que disparan y torturan pueden ser catalogadas de "demócratas" y las víctimas, muertas o torturadas de "fascistas". Cínicamente quizás digan que los - hasta ahora - quince muertos por la represión chavista no significan nada porque pertenecen a "la otra" Venezuela. Sí, después de todo, una cifra aún mayor de militantes populares han sido muertos durante la década K pero el registro sólo es llevado por la ínfima minoría para la que la defensa de los derechos humanos sigue siendo una causa y no una vacía propaganda de estado. Sí, después de todo, pueden simultáneamente matarse tobas y financiarse estudios progresistas que digan que debe llamárselos Qom. Para quienes aún no hayan comenzado a retroceder en cuatro patas es bueno recordar a Garaudy. Porque, reitero, estamos en América Latina en un punto de inflexión. Porque la desigualdad persiste pero, además, la corrupción, el autoritarismo y el atraso aumentó. Porque la desigualdad persiste pero, además, retrocedemos en nombre de un progreso al que sólo ven el poder y sus clientelas y una facción nos esclaviza en nombre de la emancipación. Para poder mirar desde otro lado es en defensa propia que Venezuela no nos puede ser indiferente. Porque la imprescindible solidaridad debe ser con el pueblo y no con el estado venezolano...

Como decía Garaudy... Ya no es posible callar.


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