¿Atraso corrupto o desarrollo? El justicialismo prepara nuevas trampas
- 20 dic 2014
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Actualizado: 7 mar 2025
En Julio del 2012 (leer artículo), reflexionando acerca de cómo el escaso debate de ideas en la Argentina basculaba –como en casi todos lados- entre polos antojadizos y difusos por izquierda y por derecha, se advertía la degradación adicional que significaba que ambos polos fuesen dependientes, entre nosotros, de dispositivos directa o indirectamente generados desde la particular interna del PJ.
Hoy, uno de esos polos, prepara en el medio de una escenificación épica estruendosa, su retirada. Algo tan deseado por la sociedad como duro de asimilar por sus protagonistas.
Es que “los hijos bobos de Laclau” no lograron construir siquiera una candidatura presentable en sociedad, así sea para perder. El kirchnerismo puro tiene que conformarse con poner el vice de su enemigovio Scioli o retirarse a la marginalidad testimonial.
Los chicos K que cobran $12000 por pintar paredes y son odiados por los trabajadores comunes, coexisten con los K que leyeron a Foucault con 30 años de atraso y creen ver opresiones disciplinadoras en los hospitales y las escuelas provinciales abandonadas y destruidas. Por pereza intelectual, ni siquiera repararon en el tiempo que pasó desde que Deleuze había descripto el pasaje de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control.
Pero la disputa en la sociedad que viene tiene poco que ver con estos relatos de niñerías fabricado para quienes gozan reivindicando a los delincuentes presos como vanguardia social. La estrategia que enlazaba cierto populismo de izquierda, con la cobertura de un gobierno de millonarios atravesado por el delito común y financiado por toda la sociedad está llegando a su fin.
Hoy, en cambio, es una sociedad de Scioli, Berni o Massa el peligro real a conjurar por cualquier política seria de desarrollo.
Es que el otro polo peronista, a pesar de no tener nada para ofrecer a la sociedad, no deja de seducir a un establishment que cree que cualquier forma de “orden” (y en esto no cabe duda de que esa verdadera policía social que configura el “otro” justicialismo alguna particular forma de orden ofrece) es la condición de cualquier política de desarrollo. En rigor, solo piensan en pisos mínimos de disciplinamiento social y fiscal para recuperar no desarrollo, sino el inicio de una senda de funcionamiento-crecimiento.
Todo tan cortoplacista y precario que deben esconder que uno de los “líderes” de esta fantasía gobierna la destruida, invivible e irrespirable provincia de Buenos Aires cuyo partido hegemónico es un justicialismo que la dirige hace 27 años.
Otro de los referentes de esta fantasía es más moderno y mezcla un ejército de publicistas todo terreno con viejos y nuevos barones conurbaneros y la superficialidad de alguna mujer veloz del espectáculo. No falta el edulcorante de algún técnico bien formado y algún radical confundido en este aquelarre desprovisto de proyecto pero obediente con el inmediatismo ignorante de quienes lo financian.
Según las categorías de análisis más tradicionales, de las que muchos gustan, todo esto sería, en sus dos variantes, derecha en estado puro. Por eso a cualquier vecino de la provincia de Buenos Aires normal, con excepción de quienes forman parte de nuestra vaciada cultura progresista, le resulta hilarante que a los peligros ideológicos se los vea del otro lado de la General Paz.
El cuadro lo completaría la candidatura a gobernador del carapintada kirchnerista Sergio Berni que, más allá de su concreción o no, resumiría la transición desde los hijos bobos de Laclau a un justicialismo más tradicional, policial, disciplinador, del que el mundillo rojo K nunca dejó de formar parte.
La colaboración judicial de Barreiro, jefe de torturadores de La Perla, evidentemente negociada con algún estamento K y su apoyo con los deditos en V al jefe del Ejército, Milani, nos habla de la tentativa de formular un nuevo carapintadismo, con el ejército como nuevo factor de poder.
Aún para quienes creemos que dicho ensayo está destinado al fracaso, no se pueden dejar de hacer dos consideraciones:
1- Recordar el alto precio que la sociedad pagó, no hace muchos años, por el desconocimiento profundo del movimiento carapintada, tema que excede el objeto de estas líneas.
2- Recordar cómo, ciertos nacionalismos fueron y son capaces de reconvertir cualquier ideología en cualquier otra. Cómo el movimiento que nace con el levantamiento del criminal Barreiro y logra la imposición de la ley de obediencia debida, tenía como ideólogo a un fascista como Seineldín y cómo Seineldín se articuló con el primer movimiento de Hugo Chávez Frías.
Desde la fantasía del factor ejército (o del factor Berni), a las tosquedades seudo racionales (en comparación a la primera) de los barones sciolistas o massistas –que son los mismos- se alientan soluciones mágicas a nuestra crisis de productividad y desarrollo.
De prosperar estas estupideces, el resultado va a ser inversamente proporcional al buscado.
Los peligros de las fracciones PJ de los Scioli y de los Massa no son “peligros” para ninguna izquierda, a la que el kirchnerismo se encargó de disolver material y moralmente.
El peligro es el de la perpetuación de la ausencia de desarrollo. De la ausencia de educación, de la ausencia de horizonte para los permanentemente pobres, para las clases medias, para los trabajadores, para los emprendedores.
Durante diez años se financiaron disfraces de izquierda para llamarle “rebelión” al atraso. El PJ prepara nuevas trampas con los mismos actores, para ahora llamarle “orden”, exactamente al mismo atraso.
Hay unos cuantos que nos merecemos otra cosa.