Tras los asesinatos de Charlie y Nisman, la vida, la dignidad y la libertad buscan lugar en la agenda
- 11 feb 2015
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Actualizado: 6 ago 2024
Un fantasma sigiloso recorre la Argentina y el mundo. Poco se sabe hasta dónde puede llegar el fastidio cuando la vida y la libertad vuelven a ser puestas, una vez más, brutalmente en entredicho.
Millones de franceses de todas las clases sociales salieron a la calle y cientos de miles de ciudadanos, fundamentalmente de sectores medios, salieron y van a volver a salir el próximo 18 de febrero en Argentina, en respuesta a asesinatos políticos.
Hay que decir que sean cuales fueran las defecciones del presidente socialista de Francia, no sólo convocó a Europa y al mundo, sino que activó la causa de la libertad, a la vez que construyó el único puente existente en Grecia y en Ucrania hacia quienes luchan contra la miopía de los más imbéciles y peligrosos arcaísmos financieros, en los que la causa de la libertad suele incinerarse.
Es que cuando la sociedad civil del siglo XXl -que no es la del XlX ni la del XX- se pone en movimiento (y de esto nuestro querido papa Francisco debería tomar nota), ya no hay arcaísmos posibles.
Carecen, francamente, de importancia las elucubraciones que barruntaba Benedicto XVI acerca del iluminismo moderno… Hablando con católicos honestos, más de una vez compartimos que ni siquiera el sesentista Concilio Vaticano II hubiese existido sin la presión y la influencia de una “hora de los pueblos” de raíces profundamente paganas.
Sin embargo, por momentos parece que de aquellos fuegos, se perdió lo más digno y persistió la barbarie.
Convencido de que ninguna cultura se halla más en crisis que la supuesta "cultura crítica", es necesario salir de sus taras específicas para poder gritar Soy Charlie y Soy Nisman.
Entre nosotros, la conferencia del PJ atacando a la prensa, reivindicando a Cristina y al Memorándum de encubrimiento tras la muerte de Nisman, fue lo más parecido al cajón quemado por Herminio Iglesias en 1983.
Sin embargo, en la guerra sucia y mafiosa entre espías, en la que, lógicamente, no hay buenos, hay quienes optan por combatir a los adversarios de los asesinos del fiscal.
Más interesante que quienes creen ser "consecuentes" atacando a la CIA y al MOSAD hasta cuando mata el fundamentalismo islámico, es la confesión implícita de la propia presidenta cuando comparó la muerte de Nisman con la de Mariano Ferreyra. En el caso Ferreyra, mató el kirchnerismo. Claro que, en este caso, no obstaculizó la investigación y le soltó la mano a su ala “fea, sucia y mala”. Cosa que no puede hacer siempre, porque nadie se arroja, como lastre, a sí mismo.
Parece deducirse de los dichos y hechos presidenciales que, esta vez, también mató el kirchnerismo.
Decir kirchnerismo es decir Milani, es Coqui rompiendo diarios, es Tomada y son los responsables de la muerte de niños Tobas en el norte, mientras se financia a los progres cuya preocupación consiste en enseñarnos que debe llamárselos Qom.
Algunos creemos que hay una oportunidad histórica de sacárnoslos de encima, junto al PJ en todas sus variantes. Hasta en aquellas que pretenden apoyarse en fuertes ayudas económicas o en alguna manito celestial.
Como en el resto de los lugares del mundo en los que hay república. O en los que una nueva sensibilidad afirma que el límite que no se franquea es el de la vida y la libertad.