Elisa Carrió publicó su tomo 2 de "Humanismo y Libertad"
- 12 mar 2015
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 6 ago 2024
Es una verdadera obligación ética referirse al acontecimiento. Se trata de dos libros escritos con pasión y ya no importa tanto qué piense la autora acerca de su propio producto.
Un rasgo que atraviesa los dos volúmenes es la especulación cero en términos de oportunismo en relación a las consecuencias posibles de cada palabra y parece elegir, en cada libro, el comienzo, para marcar la cancha con principios potencialmente incómodos y políticamente incorrectos.
Sucede desde el controvertido capítulo 1 del tomo 1, “La libertad como obediencia”, que quienes estamos alejados de una mirada religiosa radical traducimos como obediencia con los propios principios, hasta la afirmación, en el comienzo del segundo tomo de que “la racionalidad instrumental ha desembocado en el estado de bienestar”.
Una observación aguda, esta última, y tan rigurosamente cierta como habitualmente escondida (es políticamente más frecuente y cómodo escindir los dos fenómenos, para poder rechazar el primero y reivindicar el segundo). Pero de lo que se trata para Carrió, es hurgar, implacable, en las raíces de la deshumanización.
El segundo tomo de Humanismo y Libertad puede leerse con independencia del primero. Ensaya un indudable diálogo en buena parte del mismo con la cultura de izquierda. Y está muy bien que así sea.
No olvidemos que sufrimos una sociedad en la que esta cultura, además de sus propios problemas sistémicos, ha sido virtualmente disuelta en la barbarie y la ignorancia desde la banda que conduce el poder de estado.
Hay otra razón en la oportunidad de este diálogo y se encuentra en las debilidades que para una política de desarrollo honesta enfrenta un liberalismo emergente que aún no comenzó a dar sus primeros pasos.
El humanismo radical de Carrió es una reflexión de inflexión para una hora de inflexión.
Al momento de escribir estas líneas y en las próximas horas y semanas el cuadro político va a sufrir no una sino varias modificaciones. Y muchas son convergentes a pesar de constituirse desde estrategias divergentes.
Porque la sociedad ya comenzó su “metanoia”, aunque en ningún lugar está escrito que quienes más hicieron por la misma sean, necesariamente, los beneficiarios electorales directos de ella.
Probablemente el secreto de la victoria consista en algunos primeros pasos que ya han sido dados.
Pero volviendo al libro, Elisa ya se trascendió a ella misma. Porque nos ofrece el contacto con la revuelta de Kristeva y el renacer de Arendt.
Se trata de un mensaje destinado a germinar no en aquellos a quienes “las culpas de sus trampas acechan con sus heridas”; tampoco en aquellos “escaladores” caracterizados por “la incapacidad de sentir culpa”.
Se trata de un mensaje que va a germinar en cientos de miles de ciudadanos de a pie, la mayor parte de los cuales jamás fueron convocados por ningún Jehová para ser Moisés.
Se trata de un renacer con primos en todo el mundo. Como aquellos humoristas provocadores sobrevivientes, que se fundieron en un abrazo con sus otrora dirigentes provocados en Paris, para defender la vida y un sistema de libertad, en un ritual cívico y laico no exento de la presencia, a su vez, de sentimientos religiosos de todos los credos.
Entre nosotros, el cambio comenzó la tarde de los paraguas. Y va a completar esta etapa cuando el largo ciclo del kirchnerismo y del justicialismo en todas sus formas haya terminado.
Sea cual fuese el particular destino político de Carrió, en una sociedad muy móvil, debemos agradecer el acontecimiento de este libro porque en su palabra, que no es distinta de su extenso testimonio público, emerge inexcusablemente necesaria, la revuelta de Kristeva y el renacer de Arendt.