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Cambiemos. No todo es lo mismo

  • 17 ago 2015
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 7 mar 2025

En las últimas PASO voté por Elisa Carrió. Pero eso ya sucedió hace mucho. Los sistemas políticos son más sistemas de Opciones que de Alternativas.

No obstante, no reniego de haber pertenecido y pertenecer, a lo largo de mi vida, a un modo de ver alternativista.

En esta última elección hubieron varios alternativismos que rechazarían que alguien pretenda agruparlos en una categoría común por formar parte de ideologías o de estrategias distintas y hasta enfrentadas.

Desde el “humanismo” de Carrió hasta el “progresismo” de Stolbizer, pasando por el “izquierdismo” de Altamira, pusieron en juego la voluntad, en base a ejes ideológicos o de delimitación radical de valores, de no ser absorbidos (al menos directamente) por el principal sistema de opciones del cuadro político nacional.

El lugar común histórico de todos los alternativismos, junto a sus muchas virtudes, menos loable y menos real es el que comparte con los cualunquismos antipolíticos y dice de las opciones políticas de un sistema, “son lo mismo”.

En rigor, jamás lo son.

Pero hoy lo son menos que nunca, aun cuando cierto establishment sueñe, al igual que la crítica desde afuera, con disimular y disolver todas y cada una de las diferencias.

Para quienes sufrimos el cinismo de los 28 años de dominio del PJ en la provincia de Buenos Aires, geométricamente articulados con el cóctel K de los doce años de la llamada “década ganada” carece de sentido el debate preciosista acerca de cuándo un régimen se convierte en una dictadura.

La colaboración de Daniel Scioli, operando para voltear causas sensibles al gobierno de Cristina Kirchner nos señala que el desiderátum del sistema FPV-PJ (aún cuando éste no pueda ser completamente logrado) es el de una Justicia plenamente subordinada al Poder Ejecutivo Nacional. Los bonaerenses de bien hemos aprendido a respetar y valorar a aquellas Raras Avis que no roban o no atropellan, pertenezcan al partido que pertenezcan. Por eso esta nota iba a esperar para ser escrita recién en momentos previos al ballotage.

Sin embargo, el dramatismo de la coyuntura y la dilución extrema de los alternativismos transformó en carente de sentido y en ficcional dicha espera.

Margarita Stolbizer, desde su 3,51% (!), acusa a Lilita (2,34%) de impedir el triunfo del progresismo en Agentina (!). Mientras tanto, la candidatura presidencial del histórico Altamira es derrotada por la Juvenilia del PTS obteniendo apenas entre los dos un 3,31%.

Lo que realmente importa es que Cambiemos amenaza con aguarle la fiesta al sistema PJ, una estructura de poder, sin duda, más reaccionaria que la de las peores décadas del PRI mexicano.

El mantenimiento de la Asignación Universal por Hijo, del carácter estatal del sistema de jubilaciones y pensiones, así como el mantenimiento de la nacionalización de YPF y de Aerolíneas Argentinas (en este último caso con un completo cambio del sistema de gestión) y la eliminación del cepo al dólar son sólo algunas de las definiciones de la coalición acusada de no explicitar sus propuestas y ni siquiera son las más importantes.

Lo más importante es el retorno a un mensaje de tolerancia y de contrapesos republicanos. A una alternancia hacia un sistema en la que no nos roben miles de millones de dólares desde las oficinas gubernamentales ante nuestros propios ojos y los fiscales que denuncian al poder no aparezcan asesinados en sus departamentos.

El primer paso para lograrlo es el aterrizaje de una dirigencia distinta a la que parasitó el estado durante las últimas décadas y la única fuerza que puede dar, aunque sea parcialmente, ese primer paso es Cambiemos.

No obstante, no existe la magia. Obran en mi poder numerosos proyectos que parten de una microfísica ajena aún a los más honestos de los dirigentes. No a una microfísica del envejecido Foucault, sino a una microfísica de los pliegues en los que la sociedad civil fue dañada por una banda de embaucadores del poder de estado.

Pero esperarán el momento en el que un nuevo estado y una sociedad civil real (no un concentrado de orgas paraestatales) restablezcan su diálogo normal.

Todavía hay que vencer los operativos ridículos que nos dicen que el tándem Macri-María Eugenia Vidal, (en Nación y en Provincia de Buenos aires) es intercambiable con el de Massa-Felipe Solá. Hasta una prestigiosa intelectual que parece haber olvidado sus caracterizaciones ideológicas del PJ juega a las alquimias promoviendo a Felipe Solá (!!!) contra alguien como María Eugenia, cuya joven y digna candidatura amenaza con barrer a los viejos personajes policiales (los llamados "barones" del conurbano) que controlan buena parte del mayor territorio del país.

La liviandad con la que se especula con una “domesticación” peronista de Cambiemos no es, por supuesto, para agregarle dimensión “social” alguna, ya que no la tiene ninguna fracción del PJ, desde hace décadas, ni para sus clientes ni para sus víctimas.

Se trata, una vez más, del desprecio de ciertos cenáculos por el sufrimiento de los bonaerenses.


Hasta los partidarios de la civilización creen que sólo merecemos una versión tutelar de la barbarie.

Para quienes aún tienen prejuicios (o juicios) ideológicos es necesario que de una vez adviertan que para que la izquierda y la derecha existan, primero deben poder expresarse.

Sin que te aprieten, te inundes o te maten. Y que es un absurdo creer que el desarrollo mínimo de una democracia moderna pueda tener lugar con la profundización de los actuales niveles de pobreza, autoritarismo, ignorancia, falta de inversiones y soberbia.

En todo el país pero, fundamentalmente, en la provincia de Buenos Aires, expertos en sufrir a los Aníbal, los Felipes y los Scioli nos va a resultar más fácil de lo que muchos analistas creen, resolver a partir de una meta urgente, sencilla e inmediata: CAMBIEMOS.


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