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El Nivel Inicial de la Argentina otra vez en riesgo. Para un niño, la educación es el mejor cuidado

  • 20 sept 2015
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 17 mar 2025

Se encendieron las luces de alarma en la OMEP. La filial argentina de la prestigiosa Organización Mundial para la Educación Preescolar alertó sobre el riesgosísimo proyecto de ley de la diputada kirchnerista Bianchi, que establece un régimen nacional de cuidado de niños, haciendo caso omiso del largamente declamado “derecho a la educación” y de todos los esfuerzos históricos nacionales e internacionales por la extensión y el desarrollo de la educación infantil, a pesar de la retórica cínica de sus fundamentos.

Pese a sumarme a la preocupación de la OMEP por el grave proyecto oficial en marcha, se hace urgente expresar que, una vez más, no se dice todo.

La ofensiva de la señora Bianchi está muy lejos de ser un rayo aislado en un cielo sereno y tiene en los intentos de la "ley Segarra" derrotada en la provincia de Buenos Aires en el 2006 por una consciente red autoconvocada del Nivel Inicial, su antecedente más inmediato.

El mismo gobierno responsable de muertes de niños por desnutrición, a la vista de todos, elige esconder sus pésimas políticas sociales detrás de una iniciativa que promueve “cuidadores y cuidadoras” allí donde debería haber jardines maternales y jardines de Infantes.

En el año 2006, maestras jardineras, directoras, especialistas y expertas del Nivel, rodeadas del apoyo de los barrios populares en nombre de los cuales suelen hablar los autores del experimento, rechazaron el intento de reemplazo de profesionales de formación terciaria y universitaria por “cuidadoras”. También rechazaron el intento de diluir la especificidad del Nivel Inicial en una supuesta “coordinación” con Desarrollo Social y con los responsables de organizaciones sociales gubernamentales.

Justo en el momento en que el mundo está discutiendo la inversión en Educación Inicial como decisoria para el desarrollo posterior de las biografías escolares y en un país en el que existe investigación, innovación y una riquísima experiencia en dicho nivel, desde el siglo XlX hasta nuestros días.

Independientemente de lo que haya sucedido en otros niveles o incluso “segmentos” del sistema educativo, no es cierto que la principal amenaza a nuestro imprescindible sistema de jardines provenga, hoy, de la tosquedad de las recomendaciones de alguna malévola agencia internacional.

Desde la gestión del gobernador Solá -que gusta correr por derecha a Cambiemos sugiriendo que no será capaz de una mano dura que garantice calidad docente- se llevó a cabo el mayor ataque al Nivel Inicial desde los tiempos en que Leopoldo Lugones lo consideraba algo “para elites”. De la mano de Emilio Pérsico, Adriana Puiggrós y Mary Sánchez, pretendían que alguna "orga" amiga se expandiera espuriamente desde una perspectiva no complementaria sino claramente supletoria del sistema de jardines y cristalizarlo en una ley provincial.

Como el rechazo autoconvocado fue tan veloz, profesionalista y contundente, se contentaron con abrir un “paraguas” en el capítulo de Inicial de la Ley Nacional en nombre de las organizaciones “de la sociedad civil”.

Nuestro Nivel Inicial consta de dos ciclos. El de los jardines maternales, que abarca desde los 45 días hasta los dos años y el de los jardines de infantes, desde los tres a los cinco años.

Está muy bien que algunos especialistas destaquen que el Nivel Inicial, de acuerdo a la ley, conforma una “unidad pedagógica”. Está mal que la ley no lo dote, también, de “unidad organizativa” como al resto de los niveles educativos, para evitar que partes del mismo se improvisen como patios traseros de cualquier institución no educativa.

La falsa polaridad entre “educar” y “cuidar” que violenta décadas de investigación especializada en Nivel Inicial, fue forjada desde una fantasía contradictoria cuya matriz es el prejuicio ideológico hacia el sistema escolar, pergeñado desde la cúpula misma de la gestión del propio sistema escolar, que trasciende el Nivel Inicial y está en la base de nuestras actuales indecisiones y falta de dirección, para usar un lenguaje generoso y benévolo.

El reemplazo de hecho de una formación especializada del Nivel por una formación rápida de cuidadoras militantes, edulcorada con la complicidad de algún atajo teórico académico, sólo generará circuitos de primera y circuitos de segunda; y ya podemos imaginarnos quiénes ocuparán cada casillero.

Algunos pueden creer desde un altruismo conservador ignorante, aunque bien intencionado, que lo urgente es un mero cuidado social. Otros operan con la intencionalidad política de “quedarse” con un buen número de “guarderías” (así nombran a los jardines maternales).

La permeabilidad de ciertos núcleos académicos a la propaganda y las políticas del poder de estado K, impidió que la lucha exitosa contra el aberrante proyecto bonaerense del 2006 se conociese.

Dicho desconocimiento, impide, a su vez, mensurar el alcance de la gravedad del proyecto de la diputada Bianchi.

Mientras tanto, estamos perdiendo una oportunidad histórica. El desarrollo de un Nivel Inicial masivo y de calidad, de Ushuaia a La Quiaca, es lo único que va a garantizar que el tan declamado derecho a la educación sea una verdadera oportunidad para todos y no la amenaza que esconde, detrás de la retórica, un fraude más.


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