Bienvenido el regreso de Argentina a Davos
- 4 feb 2016
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Actualizado: 6 ago 2024

Hace ya 14 años, en esas típicas razones inerciales de la política, me tocaba cerrar uno de los muchos paneles del Foro Social Mundial abierto por el entonces director de la carrera de Sociología de la UBA.
Como casi todos los momentos verdaderamente instituyentes, era una de las épocas donde los llamados movimientos sociales tuvieron en esta región su primavera, muy alejada del ahogo estatal posterior, pero nada alejada de la influencia del Foro de San Pablo, empujado por el naciente PT.
Las primeras reuniones anuales se poblaban de decenas de miles de de militantes del mundo entero con predominio, obviamente, de América Latina.
El cruce, original e irrepetible como en toda coyuntura histórica, se daba entre dos agendas cuya mezcla incomodaba por igual a varias tradiciones de sociólogos y políticos. A caballo del afortunado y justo derrumbe del estalinismo y en nuestra larga postdictadura, las sensibilidades democráticas y las sensibilidades sociales se fundían en un sentimiento mayoritario y común.
Originalmente el Foro Social Mundial nace en contrapunto con Davos, pero al PT en el gobierno jamás se le hubiera ocurrido sacar a Brasil de Davos (Lula fue declarado allí “estadista global”). Así como a los socialistas serios, en ningún lugar del mundo se les ocurriría aniquilar a sus sectores económicos estratégicos, ni golpearlos al estilo de nuestra "guerra" por la 125. A lo sumo, disputan algún segmento de lo que consideran “plusvalor” o negocian condiciones de justicia, bienestar y libertad para sus sociedades.
El mundo contemporáneo está cargado de dramas humanitarios de todo tipo, pero las sociedades menos atrasadas, ya que las avanzadas no las conozco, no agravan los problemas con caracterizaciones del mundo empresario propias del comunismo de guerra de comienzos del siglo pasado.
Sin embargo, entre nosotros, el cóctel se hace más indigerible cuando además de estas caracterizaciones, buena parte de la izquierda ha quedado moralmente disuelta e integrada al corrupto ex bloque de poder K, repudiado por la sociedad.
La defensa de la millonaria ladrona de pobres Milagro Sala, que provocara en dicho arco ideológico el indignado pero solitario rechazo de dirigentes como “el Perro” Santillán y Raúl Castells, demuestra lo poco que importan, por ejemplo, los dos asesinatos de militantes populares aún no esclarecidos atribuidos a Sala y su organización.
Los mismos se suman a los más de 20 asesinados en movilizaciones durante la era K, acerca de los cuales la mayor parte de las organizaciones de derechos humanos no parecen guardar registro, en proporción directa al lamentable descrédito social que cosecharon en su cercanía a la facción corrupta que durante 12 años detentó el poder.
Lo que muchos están mirando, luego de años de estancamiento y destrucción de empleo privado es que la participación de Argentina en Davos abre una esperanza de inversiones e integración a un mundo repleto de desafíos y crisis. Un mundo al que nuestro país tiene mucho para ofrecer, mucho de lo que beneficiarse y en el que tiene mucho para decir.
Está muy bien que el papa Francisco pida a los poderosos del mundo que no se olviden de los pobres.
Fundamentalmente por venir de un país cuya fuerza política principal hasta diciembre pasado, es decir, el justicialismo, no ha dejado de dominar a los pobres, de oprimirlos, humillarlos y multiplicarlos como mínimo, en los últimos 40 años de sus 70 de existencia. En el caso de nuestra provincia de Buenos Aires, 28 años de justicialismo han provocado un hartazgo popular tan profundo e inconmensurable, como la necesidad y el desafío de hacer las cosas de otro modo, que es a lo que este hartazgo invita.
Las razones que convocaban al Foro Social Mundial son, paradójicamente, parecidas a las que hoy hacen que necesitemos muchas empresas que inviertan: la superación de tantas relaciones sociales anacrónicas y opresivas existentes. Se van a potenciar posibilidades tecnológicas y productivas pero también, creo yo, éticas y sociales.
Con respecto a las primeras y a modo de ejemplo, mi amigo Andrés Domínguez, colaborador del equipo de agroindustria y presente en Davos, testimoniaba la nada secundaria participación de dicho equipo de nuestro país en un selecto grupo de intercambio de miradas durante el encuentro. Cuesta creer que desde el poder se explicara el campo durante estos años desde tres libritos de los años 70 que todos leímos y que hoy no reivindican ni sus propios autores.
En cuanto a la segunda dimensión, no puedo dejar de recordar cuando un alcalde de Porto Alegre que había llevado a cabo la experiencia que mundialmente luego se popularizó como “presupuesto participativo”, nos confesaba hace años en Buenos Aires su sorpresa por la afluencia de capitales a esa ciudad. ¿Cuál era el secreto de esta afluencia a uno de los lugares dirigidos entonces por una de las alas más “radicales” del PT? Sencillamente, un sistema de prácticas guiados por principios de coima cero, que beneficiaba por igual a inversores y vecinos.
¿Utopía? No. Allí existieron las experiencias (que a todas luces luego no fueron ejemplo). Sólo hace falta que continuemos decidiendo por menos De Vidos, menos Cristinas, menos punteros y más cambios.
Muchos dirigentes del Foro Social Mundial fueron y son gobierno. Sin embargo América Latina continúa siendo el continente más desigual del planeta.
Si ayer contraponíamos el Foro Social a Davos, hoy necesitamos otra perspectiva porque nos hace falta todo. Inversiones, crecimiento, desarrollo, educación y agenda social.
Pero sobre todo, una nueva transparencia fundada en reglas y unas reglas fundadas en sociedades sustentables, en sociedades de libertad. En sociedades plurales donde la llamada derecha no se reduzca a un justicialismo medieval y la llamada izquierda no sea la que se arrastra tras Cristina, los ladrones del Frente para la Victoria y las Milagro Sala.
Es decir, no sólo hace falta que cambiemos en cuanto a opciones políticas. Hace falta que cambiemos, desde lo mejor de nosotros, por otra sociedad. Y decirle a la vieja, Nunca Más.