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Para que no te pase

  • 14 nov 2016
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 19 may 2025

No es imprescindible hablar de flujos de inversión, de la renegociación de comercio administrado USA-China, o de tasas de interés.

La desazón que recorre buena parte de lo más civilizado del mundo ante la victoria de un Trump en la primer potencia del planeta debería servirnos para orientar nuestras acciones hacia un lugar distinto al que se derivan de la mayor parte de los análisis en curso.

Hoy occidente podría correr el riesgo, más que nunca, tras el resultado de las últimas elecciones en Estados Unidos, de estar diluyéndose moral y políticamente en la coexistencia con liderazgos como los de Putin o Al Assad; cuyos crímenes, al igual que los de los últimos lustros de Khadafi, se hallan insólitamente naturalizados por tantos progresistas del mundo, munidos de tan múltiples, devaluadas y confusas varas.

Circulan cuatro grandes lotes de argumentos tras el conmocionante resultado de las elecciones de USA.

Uno de esos lotes podría ser sintetizado en el artículo de David Alandete “La presidencia del miedo. No hay ningún espacio para la esperanza en el triunfo de Donald Trump”. Probablemente, uno de los más claramente escritos de una colección muy vasta que, en términos generales, alerta acerca de una amenaza neofascista en puerta.

Un segundo lote se apoya en las teorías de la post-verdad y podría sintetizarse en que todas las aberraciones, las agresiones, las amenazas y las tomas de posición del candidato Trump, sólo formarían parte de una estrategia cínica para llegar al poder, que estaría parcialmente “desconectada” de su programa de gobierno. Complementando esta argumentación, la confianza en que el sistema de pesos y contrapesos del sistema republicano estadounidense e incluso, muchos de sus poderes fácticos, "contendrían" los aspectos más alocados, peligrosos y reaccionarios del personaje.

Un tercer lote lo constituyen, en sentido estricto, los no argumentos del oportunismo doméstico argentino, conformado por el repentino trumpismo de kirchneristas, justicialistas y una parte del periodismo, que como todo significante vacío no merece comentario alguno.


Por último, el cuarto lote de argumentos abre una puerta a la profundidad de una dimensión que refiere a la crisis de representación de una dirigencia y unas instituciones que ni siquiera advierten que la sociedad real funciona en otra frecuencia y “las redes” serían un emergente, una expresión de ese mundo social en crisis.

Lo que este último lote de argumentos tiene de revelador, es lo que simultáneamente no resuelve: quiénes y qué valores de ese mundo social en crisis van a constituirse en su representación y para qué proyectos.

En el caso de nuestro país, aún no invertimos en suficientes vacunas para la más letal de las bombas heredadas de los últimos años, que son las del atraso.


Y como en el resto del mundo, es la falta de imaginación del humanismo la que lo aleja más y más de todo poder.

Es, por ejemplo, la falta de acuerdo del PSOE y Ciudadanos en España (único acuerdo posible de no mediar la ceguera de los corralitos ideológicos) para desandar el estancamiento económico y lo más gravoso de la matriz corrupta, de acuerdo a los propios actores. Es entre otros desvaríos, la injusta caracterización de la solitaria Francia… Es entre nosotros, el boicot de todas las fracciones de la dirigencia docente a la evaluación de nuestros alumnos, que han migrado en la última década, como nunca en nuestra historia, a la educación privada mientras apologistas y supuestos opositores del impresentable Baradel celebran juntos el escarnio a Sarmiento del dibujito Zamba…

Del atraso se sale con lenguaje. A pesar de que sabemos por Benjamin que la cultura también se transfigura en barbarie y por buena parte de nuestra academia de los últimos años, hasta qué punto la prostitución de la misma la transforma en sirviente de cualquier facción.

Sin embargo, no he dejado de preguntar, cuando me mencionan a algún supuesto emergente político intermedio, si cuenta al menos con algún mínimo capital en materia de lenguaje. Continúo creyendo que se trata del mejor antídoto frente a las Cristinas o los Trumps y de una apuesta que se construye en el “abajo”. Gente como Habermas a lo largo de su extensa obra algo ha dicho al respecto.

Tengo presente en este sentido, la memoria de mis padres (hijo y nieta de inmigrantes), cuyas cenizas hemos esparcido respectivamente en el Obelisco (por ser el deseo de mi viejo, porteño, orgulloso de Barracas) y en las escolleras que más profundamente se internan en el mar de Mar del Plata, la que tiene el Cristo (cumpliendo con el deseo de mi madre). Tengo presente sus honestas vidas de trabajo y sus voluntades de que sus hijos lleguen a donde ellos no pudieron.

El esparcimiento de sus cenizas no hizo que a su memoria se las lleve ningún “viento” como quizás crea el Vaticano de acuerdo a algún último documento que establece una ofensa de Su Santidad a millones de personas que practican la antiquísima costumbre y a la memoria de sus muertos. Ofensa probablemente menor, frente a los brutales desafíos humanitarios que nos convocan y ante los cuales, quizás sea un buen socio en la lucha común por un mundo que reconozca al otro.

Justo en un momento en que dicho mundo se ha vuelto, además de violento e injusto, aún más impredecible y quizás, más peligroso.

La principal batalla sigue siendo por una sociedad de desarrollo, inclusión y paz. Una sociedad en donde la defensa de los derechos humanos, aquí y en todo el mundo, vuelva a tener más que ver con una ética radical, que con la falsa conciencia de algunos lobbys de facción.


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