Hoy, la mayoría es Cambiemos
- 17 may 2017
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Actualizado: 18 may 2025

Mis amigos de la “izquierda sindical” han decidido autodisolverse.
Cambiemos representa el intento más serio de reconstrucción estatal desde el gobierno de Raúl Alfonsín. Y el desvarío de muchos de quienes aspiran a “representar” ese gigantesco archipiélago que es el mundo del trabajo indica que han cruzado hacia atrás, todas las barreras.
La sobrevalorización de unos actores sindicales fracasados y en crisis por parte de una pequeña franja de la sociedad y la política tiene raíces previas al propio justicialismo, en los ideologemas europeos de Sorel. El llamado “sindicalismo revolucionario” o lo que de eso quedaba en la Argentina de los años 30 postulaba la mayor “representatividad” de los sindicatos respecto de la política por su cercanía con “la clase”.
El histórico tufillo antipolítico luego se combina con la peculiar orientación ideológica del general que emerge del golpe de 1943 y persiste en no pocas formaciones sindicales a lo largo de nuestra historia. Incluso hasta al día de hoy persiste por debajo de una cáscara ultra ideologizada y acompañando juegos de “unidad de acción” con las distintas fracciones electorales de tradicionales y “renovados” sectores del PJ.
Pero no es esto lo que más importa. Conviviendo con la misma tendencia y a veces como cara y ceca de las mismas organizaciones, muchos trabajadores en las últimas décadas intentaron una suerte de regeneración ética y de democratización de la vida sindical que les había hecho ganar cierto respeto entre sus compañeros. Estos intentos fueron abandonados y definitivamente sepultados durante el kirchnerismo. Los actuales debates acerca de una reunificación de la CTA bajo la hegemonía de los aplaudidores de Cristina son la expresión más obscena, pero no la única de este fenómeno.
Más allá de todos los devaneos ideológicos, se trate de justicialistas, de militantes de izquierda o de gente del color que se trate, los más serios de los “cuadros” sindicales saben que el sindicalismo no fue, no es y no será nunca mucho más que una organización que disputa económicamente un pequeño fragmento de lo que los clásicos llaman “valor” mientras la sociedad y la política discuten, todos los días, el resto de los aspectos de la vida social, incluidos también, ¿por qué no?, la justicia o injusticia de los ingresos...
Un estado moderno está obligado a seleccionar interlocutores sin detener los sueños de esa mayoría a la cual representa. Y la caracterización amañada de los otrora “democratizadores”, respecto del gobierno que eligió la sociedad argentina hizo que se autoexcluyeran de la oportunidad histórica de establecer desde sus principios y valores una vía de diálogo.
Si esto es lo que sucede, por ejemplo, en trazos muy generales, en la actividad productiva privada, es directamente una estrategia ignorante y suicida la que proyectan en ciertas áreas de la actividad estatal.
La última elección interna de SUTEBA, por ejemplo, tiene dos dimensiones sin las cuales no es posible ver a los docentes reales desde los cuales pensar en forma no perezosa, los desafíos que tenemos por delante.
Con muy poquito, Baradel exhibió un triunfo inapelable frente a la izquierda. Sin embargo, la elección tiende a ocultar que nueve de cada diez docentes no lo votaron, así sea por haberse desafiliado de ese sindicato o no haberlo estado nunca, entre otras opciones. Pero un dato mucho más fuerte que este 90% que no lo votó, es que las recientes huelgas supuestamente salariales, encontraron a los docentes, por primera vez desde la recuperación de la democracia, decididamente divididos en cuanto a adherir o no adherir a los paros en huelgas de esta importancia.
Es lo que explica el otro fenómeno oculto en esta pasada interna. El cachetazo recibido por la oposición a Baradel es la consecuencia directa del desvarío de quienes despreciaron soberbiamente al importante segmento de sus propios votantes de los últimos años que eligieron acompañar a Cambiemos, sea por convicción o por espanto a volver a un pasado con el que esta peculiar “izquierda” pareciera sentirse más cómodo.
Esta es la verdadera explicación de los resultados de esa interna inflada y no los pequeños microfraudes del voluminoso vencedor, ganador legítimo pero votado sólo por el diez por ciento de los docentes.
Desde las expectativas de los cambios que necesita la educación de nuestros alumnos y nuestros hijos, el verdadero fraude es negarse a leer estas demandas de una mayoría a la que unos cuantos eligen darle la espalda, con el único objetivo de no verla. A todos los otros fraudes, los del kirchnerismo puro y duro, quizás, estemos más acostumbrados.