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Ataque al Congreso: el cajón de Herminio de la izquierda

  • 26 dic 2017
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 7 ago 2024


El brutal ataque físico al Congreso Nacional por parte de la izquierda en ocasión del tratamiento de la ley previsional, antesala de un paquete legislativo acordado con la representación política mayoritaria de la última elección refleja tres revelaciones.

En primer lugar, la cristalización del divorcio luego de muchas décadas, de dicha fracción política con una amplia franja de la población; que sin compartir un ápice de sus modelos y programas, la observaba con el respeto que infundía quien enfrentaba a una burocracia sindical corrupta, millonaria y pútrida. Una fracción que, paradójicamente, a pesar de su autoritarismo, era visualizada como un factor “combativo” de lucha por la democratización de lo peor de nuestra vida sindical.

Este divorcio, no ajeno al divorcio con las mayorías que votaron a Cambiemos (¿creyeron que eran mayorías sin trabajadores ni pobres?) comenzó a expresarse hace dos años, desde el minuto cero de la actual gestión a partir de una caracterización desquiciada del nuevo fenómeno político y en contraste, sumamente concesiva con el peronismo, que había sido su adversario histórico. Y ni siquiera me estoy refiriendo en estas consideraciones particulares al estalinismo vulgar, a la banca cooperativa, a los funcionarios presos por el saqueo de la década pasada y al guerrillerismo postmoderno, adopten formas étnicas o urbanas, porque nunca generaron ilusiones en fracciones que fueron minoritarias pero históricamente importantes dentro del mundo del trabajo.

La segunda revelación es que la violencia desesperada contra el Congreso, intentando detener no la reforma previsional sino el paquete legislativo amplio en el que estaba inserta es, en rigor, la respuesta también desesperada a una revolución política pacífica que afirmó junto al liderazgo presidencial de Macri a gente como Elisa Carrió y colocó a no pocos gobernadores e intendentes normales y honestos en distritos centrales de todo el país que hoy ocupan sillones habitados durante décadas, entre otros, por la cría “nacional y popular” del hoy fácilmente repudiado “proceso”.


Hoy nos cuesta recordar que la banda que acaba de asolarnos representaba un nuevo intento de “renovar” (una nueva mascarada) la fuerza política que negoció la autoamnistía de la dictadura con su candidato presidencial Luder, la fuerza que representó la mayor regresión social de la Argentina de la mano de Carlos Saúl Menem y la que gobernó durante 28 años la devastada provincia de Buenos Aires.


La izquierda, que eligió ser socia estratégica del kirchnerismo sin poseer sus mal habidas cuentas bancarias, expresa con la inauguración de su fallido intento de desestabilización violenta a un bloque social y político agotado. Así como el cajón quemado por Herminio nunca fue la causa de la derrota del PJ en 1983 sino la expresión del agotamiento de su versión degradada y popularmente repudiada.


En tercer lugar, aparece un confuso pero legítimo debate sobre algunos puntos de “agenda social” a pesar de que el mismo es agitado, fundamentalmente, por quienes carecen de toda autoridad para llevarlo a cabo. Desde regímenes jubilatorios específicos de trabajadores con mayores aportes en Provincia de Buenos Aires hasta la incertidumbre del destino de los profesorados en CABA, espoleada por quienes menos hicieron por honrar la tradición histórica de los mismos, con origen en las mejores experiencias del siglo XlX.


En rigor de verdad, la destrucción de la dimensión más política de la “agenda social” se dio por el saqueo de sus abanderados y no por la reconstrucción del desarrollo, la infraestructura, el espacio público y el estado que está intentando el actual gobierno.


Millones de trabajadores y gente de bien brindaron con la cárcel del “Caballo” Suarez y el "Pata" Medina y no pocos sueñan con que la justicia esclarezca el rol de Baradel en el vaciamiento de nuestro IOMA. ¿Cómo concretar en la práctica, no en la teoría, agenda social alguna cuando fue la versión argentina del llamado “mundo del trabajo” la que arruinó a los propios trabajadores?


Mientras tanto, a pesar del escenario de catástrofe social instalado, la pobreza retrocedió cuatro puntos el último año, justo cuando, casualmente, el cambio de la base de los conglomerados sobre la que la mide una prestigiosa institución de la UCA instala cifras que impiden la “comparabilidad”. Asimismo, escuchamos azorados a un querido y prestigioso investigador de dicha institución augurar que “a lo sumo” la pobreza retrocederá entre 5 y 10 puntos, como si esa cifra significara nada en la vida de tantos compatriotas.


Algo similar ocurre con el desempleo. Siempre va a ser noticia que una empresa cierre y nunca que otra abra, pero la verdad es que en el balance el desempleo retrocedió y otro tanto sucede con la inflación, a pesar de la lentitud con la que se mueven todos estos indicadores.


Sin embargo lo más importante no se expresa en cifras. La revolución política que significó desalojar a una legión de delincuentes del estado, hoy no se expresa tanto por ver a los De Vido y los Boudou presos sino por la aparición repentina de la inversión en obra pública, que formaba parte del agujero negro por el que se iban los fondos hasta la asunción de la nueva gestión.


Pero como toda revolución política, deberá permear lentamente hacia abajo, en donde priman expectativas por cambios en las relaciones sociales, en los premios y los castigos, que no necesariamente coinciden con las expectativas de algunos segmentos toscos del llamado círculo rojo.


Afortunadamente, esos segmentos no gobiernan. Los círculos rojos son bastantes parecidos en todo el mundo. ¿Acaso en esa meca de la acumulación de capital que es China son tantos los que alzan la voz contra el régimen de partido único o la violación real de los derechos humanos?


Acá no pocos desearían el retorno a un justicialismo edulcorado. Saben que esa extraña mezcla de supuesta izquierda y derecha que acaba de deglutirse a muchos ex incontaminados es el más extraordinario instrumento de control social de la Argentina. No les importa la amenaza de retroceder otros setenta años.


Pero hay muchos otros que creemos en el aprendizaje. Como dijera una directora en el reciente cierre del ciclo lectivo: “Afuera piedras y acá paz. Debemos trasladar al afuera este clima. Somos educadores. Estamos obligados al optimismo”.


Sabemos que el equilibrio con quienes piensan distinto debe ser cotidianamente cultivado. Pero quizás haga falta una nueva base para un nuevo equilibrio. La gente que todos los días pone el cuerpo por los valores que por primera vez estamos conquistando deberá empezar a ser provista en algún momento, de una mayor cuota de oxígeno. Aún cuando aprendamos a coexistir y este país lo hagamos también, con los reciclados de siempre.



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