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La asamblea policial que desbordó la provincia y el manotazo ilegal de un gobierno extraviado

  • 15 sept 2020
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 10 ago 2024



Una vez concluidas las correctas reprimendas de rigor de casi todo el arco político con respecto a qué métodos deberían tener o no tener los reclamos de los agentes movilizados deberíamos detenernos en algunos aspectos sustantivos presentes en la asamblea policial triunfante.

En primer lugar se trató de una demanda tan legítima y justa como la de millones de trabajadores que no logran encontrar canales de expresión a sus graves problemas en la crisis económica, sanitaria y social que padecemos.

En segundo lugar, se terminó mostrando en materia institucional más inofensiva (como suele suceder con las demandas principalmente salariales) que el comportamiento de sus “solucionadores” no deja de recurrir al quiebre de pautas mínimas del funcionamiento democrático; como la transferencia ilegal de fondos de CABA, el ataque a organismos nacionales de auditoría y las pretensiones de ruptura del normal funcionamiento de la justicia.

En tercer lugar, asombran algunas explicaciones, casi proclives a la inversión de las causas y en los bordes del racismo, acerca de los factores que motivan la alteración de “la cadena de mandos” en la reciente crisis policial.

Lejos del componente de sectores sociales supuestamente desestructurados como los que habrían alimentado a los “pitufos” (experimento de Scioli luego reconvertido e incorporado a la fuerza) lo que vimos fue en la explosión de demandas de agentes muy diversos, una pluralidad de niveles de argumentación asombrosamente sólidos que no hacían más que expresar problemas reales de las comúnmente castigadas mayorías populares bonaerenses.

Desde la falta de atención de la vaciada y corrupta IOMA -con representación sindical K desde siempre en su dirección- hasta la inequidad del monto de las asignaciones familiares, “…en total por los tres recibo de asignación $1098. Entiendo que el gobierno tiene que ayudar a los que más necesitan, pero no entiendo la diferencia entre mis hijos y los de los que cobran la Asignación Universal de $2500 cada uno” (expresión típica del uso abusivo del término “universal” en nuestras políticas públicas, como dice un sociólogo amigo).

Retomando: la alarma por la coyuntural alteración de la cadena de mandos también es desbalanceada ¿Qué mandos? ¿Los que cobran 25 o 30.000 pesos para evitar un traslado? ¿Los que compraron en 500.000 o 1.000.000 una comisaría como fuente de recaudación?

Esto lleva al último aspecto sustantivo que es el que más explica la crisis. La verdadera revolución política iniciada por María Eugenia Vidal fue su tolerancia cero con un sistema de corrupción que ganó el corazón de los agentes honestos y el conjunto de los bonaerenses, más allá del último resultado electoral.

Por eso es increíble que desde la gente que dirige la provincia se hagan la pregunta retórica de “¿Por qué no estalló antes?”.

Porque tanto en Provincia como en Nación hubo en el período 2015-2019 una política de seguridad que incluía una rigurosa dirección en cuanto a premios y castigos, con mensajes fácilmente comprensibles.

No se liberaban presos peligrosos ni se alentaban tomas en tierras privadas como parte de un negocio de punteros de un sector del peronismo. No se construía un discurso falso de derechos humanos como el que regresó, mientras el carapintada cristinista Berni se filma como Rambo y se entrena en construir una carrera bolsonarista argumentada desde el chanterío, la mentira y el ocultamiento de la gestión real.

Sucede que el kirchnerismo siempre careció tanto de una política de seguridad como de una política verdadera de derechos humanos. Pero la improvisación de este regreso, a mitad de camino entre la desesperación por no ir presos y el reemplazo de todo programa por una huida hacia la literatura fantástica, agravó las señales esquizofrénicas.

Un agente empobrecido, durante la protesta se manifestaba indignado por el regreso a casa del multimillonario y multipropietario Báez, cómplice del saqueo impune del pueblo argentino, tanto como cualquier ciudadano, cualquier trabajador, cualquier dueño de una pyme quebrada.

Pero la gota que rebasó el vaso para quienes asistían atónitos al espectáculo fue la transferencia directa de una parte del presupuesto público de CABA a la “administración” de la provincia, que manejará discrecionalmente Kicilllof.

Por eso no es correcto el énfasis puesto por un reconocido y muy buen analista acerca de las prácticas de la base policial más joven en una asamblea. “¡Ey gato, rescatate, ponete nuestra camiseta, defendenos!”.

La desestructuración de sectores sociales cada vez más grandes a la par del empobrecimiento cultural no es privativo de un solo sector. Se expande como una mancha de aceite desde el primer kirchnerismo y del mismo no están ajenos, siquiera, ámbitos tradicionalmente vinculados a la formación, transformados en virtuales recicladores de doctrina vulgar y pensamiento único.

La cultura fierita de algunos piquetes no está, de ningún modo, por debajo de ciertas prácticas de Olivos, que emboscan a un grupo de intendentes opositores para usarlos de marco mientras informan el manotazo ilegal de recursos del distrito políticamente adversario.

Esa desestructuración provoca víctimas de delitos violentos todos los días en el conurbano y la ONG Usina de Justicia fundada por la filósofa Diana Cohen Agrest es un ejemplo encomiable de lucha civilizada frente a un sistema que nada hace por proporcionar el resarcimiento y el verdadero lugar como damnificados al que tienen derecho.

Es necesario dejar siempre a mano las banderas con las que habitualmente salimos y no perder la calma. Porque no van a dejar de mentir, violentar las instituciones y provocarnos hasta el final de su “gestión”, por llamar a esta cosa de alguna manera.

Pero además, debemos separar tiempo para la reflexión y la construcción.

Los más jóvenes siempre deberán recordar que es la dirección política que la dirige la responsable del manejo o desmanejo de una fuerza policial.

La ausencia de una política de seguridad hoy nos coloca a merced tanto del incremento de la violencia del delito común, como de la violencia del propio abuso policial, como lo demuestran los numerosos casos de jóvenes muertos a manos de policías provinciales en ocasión de la violación de la cuarentena y el propio caso de Facundo Astudillo Castro.

Sea cuales fueran las razones que arroje la investigación sobre su muerte, la misma acontece luego de su registro en un retén policial, prueba suficiente de que –como mínimo- no fue cuidado.

Motivo de un artículo aparte deberá ser la desaparición del estado nacional en el tramo de la ruta 40 que va desde Bariloche hasta El Bolsón.

La renovación del abultado presupuesto pagado a la UNLa año tras año para la delimitación de las zonas correspondientes a pueblos originarios –tarea nunca terminada del período K anterior- dio paso a la delimitación territorial por apariciones de las “machis” tomadoras de las zonas turísticas y productivas estratégicas más importantes del país, como la pareja del muchacho del largavistas que “vio” a Maldonado.

Esta chica joven, que convoca a los peones a abandonar el trabajo con manuales peronistas de los años 50 y ahora se siente mapuche, no es más que el resultado de la sin razón política nacional en curso que juega a los incendios de todo lo que tiene adelante y cuya brújula perdida motivara el triunfo de Cambiemos en el 2015 y motivará su regreso renovado en el 2023.

Pero entre los múltiples desafíos que tenemos por delante hasta entonces, hay tres especialmente importantes.

Los dos primeros son el cuidado de la existencia del parlamento y de la existencia no cooptada de la justicia, que incluye el Ministerio Público Fiscal y que es además inseparable de los organismos especializados de auditoría.

En tercer lugar, el cuidado de nuestros trabajos y la necesidad de detener las quiebras de empresas en un momento en el que muchas, además, abandonan el país.

No se trata sólo de supervivencia. La menos conocida de las utopías de Sarmiento, el hombre que revolucionó nuestro país y representó un faro en el mundo del siglo XIX a través de nuestra alfabetización masiva en un sistema escolar, fue la ideología de la concepción de Rousseau sobre el derecho a la propiedad.

La que pretendía que nadie fuese tan poderoso como para poder comprar la libertad del otro, ni nadie tan necesitado como para verse obligado a venderla por un plato de comida.

Porque no hay vida sin libertad.


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