24 de marzo: 50 años. En Argentina, América Latina y el mundo, Nunca Más es Nunca Más.
- 19 mar
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Actualizado: 23 mar
Tal como fuera expresado de un modo u otro hace tres años es necesario decir: Nunca Más terrorismo de estado, autoritarismo, ni apoyo a dictaduras de ningún signo ideológico.
Luego del universalmente histórico juicio a las juntas, el “Señores jueces, Nunca Más” del fiscal Julio César Strassera fue inmortalizado, al igual que el Informe de la CONADEP encabezado por la misma expresión. Una expresión que es patrimonio de todos y no de una fracción. Una expresión que afirma la decisión de vivir para siempre en democracia y libertad.
Un consenso mayoritario en el mundo establece que la gravedad del terror de estado es infinitamente mayor que otros crímenes también ilegítimos, repudiables y merecedores de condena contra las personas.
En nuestro caso, la violencia del poder de estado no distinguió partidos ni clases sociales. Sí hubo, según todos los testimonios, un ensañamiento patológico específico sobre algunas comunidades como, por ejemplo, las minorías sexuales o la comunidad judía.
Por eso resulta llamativamente extraña la actual superficialidad ideológica con la que se banaliza a los primeros y con la que la imbecilidad antisemita ataca a los segundos.
Entre otros cambios, del poderoso movimiento de derechos humanos del que tantos formamos parte, muchos organismos y referentes fueron cooptados, corrompidos, prostituidos y alineados por un nuevo poder de estado, desnaturalizándose y llegando a apoyar dictaduras tan criminales como las que generaron las históricas demandas de memoria, verdad y justicia originales.
Cínicamente desoyeron el Informe de la ex presidente socialista de Chile Michelle Bachelet, que en su carácter de Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos había consignado más de 10.000 ejecuciones extrajudiciales por parte de la dictadura chavista de Venezuela.
Hoy aún no sabemos, a ciencia cierta, si la intervención y la guerra en América Latina y Oriente Medio culminará con el restablecimiento de las sociedades democráticas que merecemos.
Con la sociedad que sueña el movimiento de mujeres de Irán, con el definitivo derecho a la existencia del pueblo de Israel atacado, entre otros, por los voladores de nuestra AMIA, o con el regreso de la democracia a la querida Venezuela.
Pero la sociedad civil tiene derecho a su propia agenda.
A demandar la liberación de los presos políticos de todas las cárceles, el regreso de los argentinos todavía secuestrados, la libertad de la Premio Nobel de la Paz iraní Narges Mohammadi encarcelada en su propio país.
Las dictaduras no se diferencian según su signo ideológico. Se trate de la última dictadura militar argentina, cuya fecha de inicio estamos próximos a conmemorar, del régimen teocrático de los Ayatolás, que ahorcan en público a deportistas disidentes, o las sucesivas etapas de la dictadura chavista.
¿Será tan difícil entender que se debe repudiar la muerte y conquistar y celebrar la vida?
Una vez más hay que decir Nunca Más a toda forma de tortura y tratos crueles, inhumanos o degradantes impuestos por el uso de la necesidad o por la pura fuerza.