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24 de Marzo: Nunca Más terrorismo de estado, aventuras autoritarias, ni dictaduras de ningún signo

  • 24 mar 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 17 ago 2024





En la senda de nuestro histórico juicio a las juntas militares, del también histórico trabajo de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) del que el justicialismo fue ajeno, es necesario una vez más reafirmar los valores de la verdad, la justicia, la constitución, la vida, la libertad.


En un mundo atravesado por criminales de guerra como Vladimir Putin mucha conciencia comprometida con la vigencia irrestricta de los derechos humanos ve, dolorosamente, cómo muchos de sus símbolos, por negligencia de sus portadores, se fueron deshilachando, manchando y prostituyendo.


Algunos, los más ingenuos, tal vez, creyeron seguir formando parte de un colectivo del que fueron desplazados hacia sus bordes, viendo amargamente cómo el mismo conducía a la apología o el encubrimiento de dictaduras vergonzosas como las de Venezuela y Nicaragua, sin ninguna empatía con sus víctimas.


Así como, en su momento, la ayuda internacional fue clave en la defensa de nuestras víctimas del terrorismo de estado, si hay un lugar para el movimiento de derechos humanos hoy, es junto a los familiares de los ejecutados extrajudicialmente en Venezuela (sólo en el primer Informe Bachelet casi 7000 asesinados) y sus cinco millones de desplazados por el hambre y la persecución.


Tampoco hay empatía con las muertes, encarcelamiento, torturas y destierros en Nicaragua, cuyo blanco desde el gobierno son estudiantes y dirigentes de todas las edades, que incluyen desde la totalidad de los candidatos presidenciales opositores hasta legendarias figuras icónicas de la revolución contra Somoza, a su vez críticos del robo conocido como “Piñata” por parte del ex y actual presidente Daniel Ortega.



Menos aún, previsiblemente, vemos muestras de solidaridad con miles de jóvenes encarcelados que pugnan por reformas en Cuba.


Probablemente, entre las decenas de episodios que jalonaron la caída del viejo movimiento de derechos humanos y que, indudablemente, alumbrará más temprano que tarde uno nuevo, hay dos hitos. El abrazo de Hebe con el general genocida kirchnerista César Milani y la actual subordinación a una estrategia de ataque al sistema de justicia y a la “conducción” de la jefa política del actual partido de un gobierno en su ocaso, condenada por graves hechos de corrupción, con tres toneladas de pruebas meticulosamente establecidas en sólo una de sus múltiples causas.


En medio de la crisis inflacionaria, cambiaria y de vaciamiento de reservas más grave de los últimos 30 años es necesario serenarnos y volver a profundizar en los conceptos de Memoria, Verdad y Justicia.


No necesitamos aplaudidores como focas de una minoría militante disociada del país real y caracterizada por ingresos inexplicables o –en el otro extremo- por ser rehenes hambreados.


No hace falta recurrir a ningún “medio hegemónico” para indagar cuándo Néstor o Cristina en sus vidas presentaron un recurso de amparo en favor de algún detenido-desaparecido. Basta con buscar algún testimonio del fiscal del Juicio a las juntas Julio César Strassera.


Por estas horas, en el marco de una situación económica y social gravísima, el gobierno de Cristina, Massa y Alberto acaban de pesificar los bonos del Fondo de Sustentabilidad de la ANSES, manoteando los dólares de reserva del sistema jubilatorio.


Cuando todos los indicadores sociales desde fines del 2019 han empeorado y la señora vicepresidenta cobra irregularmente más de 9 millones de pesos mensuales de jubilación, el “relato” cuenta del seguro de cambio para los deudores privados de fines de la dictadura, mientras ejecutan el saqueo, hoy, de un seguro de cambio en favor de tenedores bancarios, de las arcas vacías del estado y en contra del sistema jubilatorio.


En un pozo de pobreza que también vulnera derechos humanos fundamentales y hoy hunde a los argentinos hay quienes quieren establecer goebbelianamente una memoria y una verdad paralela a la real, para poder acabar con la división de poderes y dinamitar el sistema de justicia.


Carece de toda importancia decir que Cristina y Néstor nunca fueron de izquierda, toda vez que están a la vista los desastres que los sistemas autoritarios edifican en el mundo sin importar su signo ideológico.


Sí es importante, para algunos jóvenes o incautos, recordar que jamás tuvieron compromiso alguno con la defensa de los derechos humanos, solo presentes en el discurso de una historia propia ficticia y fabricada.


La verdadera y vieja lucha por los derechos humanos florecerá una y mil veces, aunque quieran apagarla, al lado de todas las víctimas del autoritarismo estatal, en Argentina, en América Latina y en el mundo.


Y siempre tendrá como aliados a la democracia republicana, el desarrollo y la paz, contra todo intento de manipulación aventurera de los problemas ocasionados por la necesidad y el atraso, por parte de nadie. Menos aún, por los mismos desvergonzados que hoy los generan.

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