Cambiar el país miserable
- 5 ene 2022
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 11 ago 2024

El gobierno comienza el año como terminó el anterior. El poder K sólo sabe multiplicar miseria, mentir e intentar zafar de sus delitos.
En la Argentina siempre estamos inmersos en trampas de “instalaciones” y énfasis desordenados entre los graves problemas a los que nos llevan una banda gubernamental sin programa pero inescrupulosamente simuladora de dirección política.
Muchos análisis no ayudan a entender. Fueron tres los hechos políticos de mayor importancia posteriores al repudio popular nacional que el gobierno recibió en las urnas.
El primero fue el costosísimo acto-festival de Cristina en Plaza de Mayo. El segundo la derrota gubernamental en el Congreso de un presupuesto invotable y el tercero, la habilitación de una segunda reelección de intendentes en provincia de Buenos Aires.
El caso del actito-festival en Plaza de Mayo (con transporte público “gratis", es decir, pagado por todos, incluído) se inscribe en la zaga de mostrarse “triunfantes” luego de una paliza electoral nacional. En rigor, una zaga que comienza festejando que en provincia de Buenos Aires perdieron por poco.
Pero, bien leído, fue un acto montado al solo efecto de hacerle decir a Lula y a Alberto Fernández que Cristina es inocente, contra la montaña de pruebas que se acumulan en los expedientes judiciales, incluidos los testimonios de CEOs de muchos de los más importantes holdings del país diciendo “yo pagué coimas”.
Aunque parezca increíble, el relato tribunero contra Macri y el Fondo Monetario en el borde del abismo económico-social del país, es un juego de segundo orden para aventureros encabezados por una vicepresidenta cuya única prioridad es no ir presa.
Sin embargo, entre un par de mitos y muchas falsedades también se pretende contener a un segmento ideológico al que le dicen que FMI, deuda y distribución regresiva del ingreso forma parte de una política del no peronismo.
La deuda externa tuvo y a veces tiene un peso considerable en relación al bienestar si y sólo si su relación con el PBI y el horizonte posible de desarrollo es demasiada elevada, como cuando sucedió en la Argentina y en el mundo con la famosa crisis de la deuda en los años 80.
Pero, en primer lugar, no tiene relación directa con la distribución del ingreso, como tibiamente debatía al interior del progresismo de hace treinta años un economista que hoy recaló en el directorio del Banco Nación, integrándose a la peor y más corrupta gestión desde la última dictadura.
Simultáneamente, el histórico empobrecimiento masivo al que el actual gobierno está sometiendo a la población transforma a los halcones de la distribución en palomitas de la lucha de pobres contra pobres, a través de políticas de emisión e inflación descontroladas y subas de impuestos que se traducen en castigo a la producción y el empleo antes que en resultados de bienestar.
Pero además, los forzamientos ideológicos se dan en el marco de una mentira que oculta que Cristina Kirchner endeudó más que Macri y Alberto Fernández más que Cristina.
El reciente rechazo en el Congreso de la Nación por parte de la oposición política a un presupuesto invotable se debió, asimismo, a la completa falta de voluntad oficial de devolverlo a Comisión, que es lo que un gobierno normal hace cuando no tiene los votos. Fue también un recordatorio de que ya no cuentan con una mayoría semi-automática en la representación, como consecuencia del reciente repudio recibido en las urnas. Como contrapartida, prorrogarán el presupuesto del año pasado y reasignarán partidas por decreto.
En el medio, hicieron tropezar a Juntos con algunos votos ausentes en el tratamiento de la modificación de Bienes Personales, pero los reflectores se terminaron posando en el otorgamiento a los intendentes de la provincia de Buenos Aires de la posibilidad de una “última” reelección.
El rechazo de Vidal a este acuerdo, rechazo acompañado entre otros por la Coalición Cívica, demuestra que cada tema y cada coyuntura tiene sus propios “halcones y palomas”.
El enojo de María Eugenia y Mauricio Macri, tiene una legitimidad diferente a la de cierto sector de un círculo rojo que oportunistamente se indigna hoy con los operadores que propiciaba ayer.
Para quienes vivimos y sufrimos el conurbano tenemos “re-re” todos los días. Los “errores de diseño” de la reglamentación de la ley que cortaba con la reelección pero habilitaba la trampa de las licencias en la mitad del mandato y el maridaje sempiterno con un peronismo que la base de Juntos repudia porque sufrió su bota durante treinta años, son algo muy distinto a una supuesta “casta” que no existe.
Lo que sí existe, frente a la oligarquía empobrecedora del peronismo-kirchnerismo realmente existente, son elites con legítimos proyectos en disputa. En algunos casos, elites modernizadoras y democratizadoras, pero que, a veces toman demasiada distancia de la sociedad civil a la que intentan expresar.
No obstante, el árbol no nos debe tapar el bosque. Ningún Boric -presidente electo de Chile-, ningún Lula y ninguna manipulación del “pobrismo” va a salvar a la reina de una legión nacional de privilegiados y corruptos porque una enorme mayoría del país los descubrió hace demasiado tiempo, está afectada por ellos cotidianamente por la pésima gestión sanitaria, económica, social e institucional y este drama antecede a la saludable pluralidad de miradas en juntos por el Cambio y en el conjunto de la oposición política.
Quien mejor sepa conjugar a la coalición que nos saque de esto es quien más ayudará a todos. Incluso, a los promotores de atajos inconsistentes.