Diez días que conmovieron la Argentina
- 12 jul 2022
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Actualizado: 11 ago 2024

El tobogán por el que en los últimos dos años y medio se desliza la Argentina culminó en una cornisa de la que no se salía -y aún no se sale- durante diez días.
La diminuta meseta junto al abismo está prendida con alfileres conformados por millones de cheques estatales y un puñado de sostenedores profesionales de un esperpento ideológico.
El inicio de este game over fueron las 48 horas durante las cuales los argentinos asistimos a dos conmemoraciones en pugna sobre el legado de Perón y fuimos sometidos a la escucha compulsiva de toda una colección de falsedades económicas, sociales, políticas e históricas con el único fin de dotar de pretensiones racionales de “sentido” a las proyecciones de los dos personajes increíbles que ocupan la presidencia y la vicepresidencia del país.
Esas 48 horas en las que nos hablaron de Perón, Perón y más Perón fueron las primeras de diez días en las que “ella”, a pesar del pánico que le genera ser condenada por corrupta, cree ser una protagonista análoga a algún personaje del célebre libro de John Reed, crónica de la fallida revolución social más importante del siglo XX.*
En épocas en que la legitimidad por izquierda adquiere las formas de repetición como farsa, la dirigente multimillonaria disfruta del sometimiento de su socio Alberto Fernández.
Se siente una especie de Chantal Mouffe llevando a la práctica una clase dramática de política frente a quienes nunca les fue dado leer El 18 Brumario.
Sin embargo, en su arsenal económico de incendio controlado de la pradera para intentar esquizofrénicamente separarse de sus propias creaciones y manipular a sus militantes, no hay más que un buen libro ya clásico de Marcelo Diamand, mal leído y peor interpretado.
Con un dólar de contado con liquidación a trecientos pesos y los precios de los alimentos volando por las nubes, revoleaba sus ojitos y especulaba ante las cámaras acerca de si el déficit está en verdad o no, relacionado con la inflación.
Sabe que el pequeño sector a quien se dirige (integrado por personas de todas las clases sociales) es incapaz de comprender y juzgar dichos desatinos... Es la magia de la ideología… Dos más dos puede dar siete o dar Perón. Ya lo había descubierto Roland Barthes hace décadas.
Solo que Barthes nunca hubiese imaginado que esos intentos de fabricación de mitos modernos serían protagonizados por este tipo de peronistas seguidos por alguna izquierda trucha, como sucede en buena parte de América Latina, que sólo encuentra “terminales” en estados criminales como los de la Rusia de Putin o la teocracia de Irán.
Por eso la señora en su última intervención vuelve sobre sus pasos y pasa de reivindicar el sistema de partido único de China a disfrazarse de una suerte de peronista socialdemócrata, como si semejante cosa existiese o significara algo más que una contradicción en sus términos. Sucede que advierte que a pesar del derrumbe de nuestros salarios en dólares aún no somos Venezuela y necesita dirigirse también a ese fragmento de sociedad que es expresión de una vieja Argentina, todavía normal.
La crisis institucional seguida a la renuncia del ex ministro Guzmán es la que completa el resto de los diez días de mayor desprecio por las condiciones de vida en el país por parte de Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Un periodista inteligente lo sintetizó en una sola frase. “Se acabó la plata”.
La actual “tregua” política iniciada desde la asunción de la ministra Batakis no sabemos si durará meses, semanas u horas. Pero la crisis energética, el derrumbe de la moneda, la inflación que destruye nuestros ingresos, las trabas a la producción, la asfixia impositiva, la guerra terminal de fracciones en el Frente de todos y la emergencia de nuevos líderes mesiánicos que se suman a los aventureros que ya nos gobiernan, requieren de un Juntos por el Cambio unido y plural.
Un Juntos por el Cambio que nos ayude a salir de esta pesadilla y de los días que aún nos aguardan.
*John Reed. Diez días que conmovieron al mundo.