Dos perversiones en disputa
- 8 ago 2022
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Actualizado: 17 mar 2025

Todos sabemos que la crisis que el gobierno de Cristina Kirchner, Sergio Massa y Alberto Fernández están descargando sobre el pueblo argentino aun no llegó a sus capítulos peores.
Pero ya se están delineando dos estrategias (para llamarlo de algún modo) que compiten entre sí y compiten en perversidad.
La primera, con apariencia de mayor racionalidad, es la de algunos “intelectuales” ultra K de apoyar al empresariado “renovador” y el ajustazo massista en ciernes, para llegar a las elecciones y venderlo como una especie de trago amargo impuesto por las restricciones económicas, pero que se trataría de un ajustazo “sensible”, menos malo que cualquier programa de desarrollo del mundo "no peronista" que –por supuesto- tendría como siempre una intencionalidad malévola y antipopular per se.
Esta idiotez insostenible compite con una locura aún peor.
El ajustazo de Massa tiene el apoyo y el monitoreo escondido de Cristina Kirchner y Axel Kicillof, que a pesar del pánico a la actual situación de reservas en rojo, especulan con un desgaste de Massa hacia fin de año, efecto de las penurias económicas y la entrada en escena electoral de la pirómana que intenta hacerse la desentendida de su propio desastre y agitar una suerte de levantamiento contra las tres toneladas de pruebas que está haciendo públicas el fiscal Luciani acerca de sus conocidos delitos.
Pruebas que fueron volcadas en expedientes acumulados a partir de la denuncia de Elisa Carrió en el 2008, sobre el histórico y monumental sistema de corrupción montado con la obra pública K, y que hace avizorar un duro pedido de condena a Cristina Kirchner antes de fin de año.
Ninguna fantasía especulativa garantiza el éxito de ninguna de las dos estrategias de este desquiciado gobierno en el poder, cuyos principales dirigentes no dejan de cosechar repudio popular.
Quizás sea bueno, entonces, reflexionar sobre los “apuros” de tanto tacticismo mediocre de una parte del círculo rojo para no llegar a ningún lado. Apuros que pivotean entre la viveza posibilista extrema y la magia de los atajos mesiánicos.
¿Es posible que inconsistencias éticas estructurales no acaben en una inconsistencia estratégica estructural?
En medio de la crisis, cada pequeña decisión coyuntural es cultural y se transforma en política.
Un dirigente peronista cuyo nombre carece de significación y de los que en el conurbano emergen como hongos, se acerca a una Secretaría de Cultura de un distrito no peronista para presionar por una muestra sobre peronismo en la convicción de que la elección de no llevarla a cabo configuraría un anatema imperdonable. Al punto de motivar una denuncia pública en la prensa local que se hizo eco del supuesto “escándalo”.
En un hecho de dignidad infrecuente, de acuerdo al relato de la prensa, la secretaria habría argumentado acerca de la no obligatoriedad de dar curso al pedido a través de la expresión “No son el Renacimiento”.
Lo que aún no es seguro, de acuerdo a una versión del intercambio, es que el peronismo sea ya mismo, como habría dicho la secretaria, “una minoría en extinción”.
Pero no habría que descartar que en un futuro próximo inmediato, solo existan aquellos que nosotros mismos estemos neciamente empecinados en reciclar.