El nuevo gobierno masivamente electo merece una oportunidad. Los progresistas nos despertamos tarde
- 22 nov 2023
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Actualizado: 17 mar 2025



Con más de 55 puntos porcentuales y una diferencia de 11 puntos sobre el kirchnerismo, el pueblo argentino eligió poner fin a la pesadilla de un gobierno hambreador, mentiroso y corrupto, en la fase final de un ciclo de 20 años en el poder de estado, sólo interrumpido entre 2015 y 2019 por Cambiemos.
Lo hizo en todo el país, con excepción de Formosa, Santiago del Estero y una parte de la provincia de Buenos Aires.
Aunque parezca ocioso decirlo, ganó un típico partido de Balotaje en el que el apoyo de Macri y Patricia no solo fue decisivo en el resultado sino que “limó” los aspectos más controversiales de Milei, quien tuvo que oír planteos relativos a derechos humanos, respeto a las minorías LGBT, educación y salud públicas y cuidado de las relaciones internacionales, entre otros.
Con una pobreza e indigencia estalladas, un Banco Central con 10.000 millones de dólares en rojo, la inflación descontrolada y una producción semiparalizada por falta de insumos, solo comprables con autorización y precio gubernamental, la demanda por detener el robo es lo que primó.
Se dio en el marco de un uso oficial discrecional de dinero emitido sin respaldo. De fondos públicos tomados en medio de las privaciones más extremas por la licuación de los ingresos.
El nuevo gobierno fue votado a pesar de imbecilidades como la de la dolarización, una distopía claramente postergada y la de la eliminación del Banco Central, ya retransformada por Emilio Ocampo a una mera restricción para emitir y financiar al tesoro.
Este carácter real, típico de un partido de Balotaje, se aproxima más a la verdad que la fraseología de moda que reduce al presidente electo a una expresión de la ultraderecha y la pobreza del propio primer Milei –que habrá que ver si en algún momento vuelve o no a aflorar- de insultar y tratar de “comunista” a cualquier dirigente o partido centrista civilizado y decente.
Nadie como Jorge Hirschbrand ha explicado mejor la aberración cultural K que desembocara en el desastre económico, social, político y moral, productor de ese hastío de 20 años que termina en Milei (ver Hartos del relato del espanto).
Pero todo un sistema de complicidades, pereza intelectual e impotencia en el imprescindible centro político (imprescindible para el necesario sostenimiento legislativo del actual gobierno que es, a mi juicio, de transición, e imprescindible para una verdadera alternativa a futuro) ha contribuido a la orfandad de millones de argentinos a los que hoy se reprocha el apoyo a Milei.
Tampoco ayuda el clima internacional de una dirigencia por momentos superficial e inmadura que se reúne en especies de “clubes” liberales o progresistas que sobre escenifican los agrupamientos, los rechazos y los apoyos, en juegos ideológicos de escasa consistencia, que resaltan las aristas más radicales de los mandatarios realmente existentes, de supuesta “extrema izquierda” o “extrema derecha”, mientras criminales de guerra, estilo Putin, se consolidan en la configuración mundial.
Paradójicamente, la especulación por un puñado de millones de dólares de los BRICS, o quizás alguna que otra perversión ideológica común, unen a Bolsonaro con Lula en su complicidad con Rusia, haciendo que extrañemos al querido Brasil de Fernando Henrique Cardoso o incluso, al del primer PT, en el que algunos tuvimos el privilegio y el placer de compartir encuentros con Marco Aurélio García, que representaba algo tan alejado al actual PT que simboliza el responsable político de cancillería Celso Amorim.
Pese a que necesitamos que Brasil y Argentina para bien de ambos, unan sus destinos, me interesa poco y nada la hojarasca ideológica de sus dirigentes oficialistas u opositores.
Sí me preocupan errores como el de ese faro moral que es y sigue siendo Michelle Bachelet, cuyo impactante informe como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre Venezuela es equivalente a nuestro Nunca Más. Me preocupa que haya llamado a votar en Argentina por quienes escupen todos los días ese informe, así como convocaban a escupir la foto de Magdalena Ruiz Guiñazú, periodista icónica de la CONADEP, a los niños en las plazas.
Es evidente que la mayoría absoluta del pueblo argentino no vio en Milei a ningún monstruo antiderechos, sino el vehículo para detener un saqueo hambreador en nombre de los supuestos representantes de la ficción “nacional y popular”.
Y de paso, detener también veinte años de hipócrita relato “progre” en medio de la más visible y probada enajenación de bienes públicos en sus 16 años de ejercicio del poder de los 40 años de nuestra democracia, el robo de vacunas, el pacto con Irán, el asesinato de Nisman y el resto de esas lindezas tan difíciles de comprender por fuera de las peculiares burbujas ideológicas del kirchnerismo y de sus socios altamente movilizados del tres por ciento.
Muchos de ellos, estos días de derrota sin atenuantes, creen prepararse para una batalla ideológica contra la opción mayoritariamente votada por el pueblo argentino, sin darse cuenta lo parecida que es a la denunciada por Marx en La ideología alemana, la que representa en su enajenación como “falsa conciencia” a la inversión absoluta de la realidad. Nunca advirtieron el grado de rechazo popular legítimo de sus referencias, sus falsedades y sus construcciones.
Un ex intelectual, todavía académico, se preguntaba en sus años lúcidos cuanta pobreza es capaz de soportar la democracia. En el esperpento trágico de las dictaduras de Venezuela y Nicaragua tiene su respuesta.
Hoy el gobierno de Milei pertenece al partido del Balotaje. Es decir, también es el que juegan Macri y Patricia. No es un libro de Murray Rothbard cuyos desatinos reaccionarios ya han sido suficientemente denunciados.
El pueblo argentino merece que no le vaya mal, aun cuando una verdadera alternativa en el país necesita un componente democrático de centro de mucho peso que aún no sabemos si va a ser convocado y tampoco, si se va a constituir con la adultez que ya no puede postergar.
Los dignísimos diez gobernadores conseguidos por Juntos por el Cambio van a jugar un rol clave en el comienzo de la transformación de sus respectivas provincias.
Y una verdadera nueva agenda de derechos deberá ser construida una vez que sean definitivamente derrotados quienes mintieron y estafaron todos estos años en el nombre adulterado de los mismos.