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El repudio electoral al Frente de Todos alumbra la lenta agonía de la pesadilla K

  • 22 nov 2021
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 17 mar 2025



Podía haber sido de un solo golpe pero aún no. La historia nos obliga frecuentemente a ser un poquito más pacientes para sacarnos de encima los peores ciclos. Pasó con la última dictadura, pasó con el menemismo y pasa ahora con el final del poder K.


Sin embargo, el repudio popular en las urnas fue nacional, masivo, y colocó al peronismo en su peor elección desde 1983 privándolo por primera vez de quórum propio en el Senado de la Nación.


Juntos por el Cambio quedó a un paso de ser gobierno en 2023, pero en el medio, la sociedad enfrenta una crisis económica y social peor a la del 2001, con un país gobernado por gente peor que imprevisible y con el único aliciente de contar en su oposición principal, con no pocos dirigentes de una profesionalidad y prudencia encomiables.


El resultado electoral también arrojó la emergencia minoritaria pero visible de dos fuerzas, una autodefinida como “liberal” y otra como “de izquierda”. Se trata de fenómenos que los padres del llamado “análisis institucional”, disciplina nacida en el post Mayo francés, definían como “analizadores”. Como una suerte de “síntomas” que la principal fuerza de oposición debe saber leer, independientemente del juicio de valor inmediato que les provoque.


En el primer caso, con independencia de sus insultos antidemocráticos o sus delirios de eliminación del Banco Central. En el segundo caso, haciendo caso omiso del sin salida de sus programas extremadamente conservadores, extravagantes y seguidistas del poder y el imaginario autoritario K, más allá de las diferenciaciones que sería justo hacer en materia de corrupción.

Unos y otros deberían, por ejemplo, ayudar a pensar en cómo dejar de expulsar empresas, en el primer caso, o cómo contribuir a una agenda social en la que tener un trabajo, a diferencia de un plan, sea equivalente a tener ingresos dignos.


Si el desarrollo de los acontecimientos comienza a instalar el debate que se viene en Juntos acerca de políticas de desarrollo, de seguridad y de verdaderos derechos humanos; si el debate incorpora no pocos malestares sociales que se expresan por derecha y por izquierda; si las múltiples demandas de justicia alimentan un debate plural pero unitario en la principal fuerza de oposición que es Juntos por el Cambio, es posible que logremos empujar un nuevo cuadro político en lugar de conformarnos con la alternancia de lo que ya existe.


Un tercer resultado de las elecciones permanece más oculto y está expresado por la abrumadora derrota de Schiaretti a manos de Juntos por el Cambio en Córdoba por casi 30 puntos porcentuales.


La muerte de una de las recurrentes esperanzas del “peronismo blanco” soñado por una parte perennemente equivocada del círculo rojo, da lugar a un reflejo fantasioso e ilumina una estrategia a punto de chocar.


Mientras algunos fantasean con un fenómeno importante pero claramente estrecho como el de Javier Milei, no pocas consultoras persisten con el ya derrotado sueño blanco de un panperonismo que, a su vez, no supera los arcaísmos del derrotado Partido Comunista del 83.


Esta promoción de un neoperonismo forzado, impuesto, artificial, vulgar y carente de lenguaje, ofende hasta a quienes proviniendo de dicho espacio, buscan reformular su horizonte cultural en el marco de la dirección plural de la fuerza opositora que ofrece una salida al colapso del justicialismo realmente existente.


La alta inflación, el desastre de las políticas de seguridad, y el conjunto de los desatinos popularmente conocidos y rechazados de cada acto de injusticia y de cada gesto gubernamental castigado en las urnas, ha desplazado un poco alguna de las polaridades de “la grieta”. Sin embargo, aunque no sea políticamente correcto decirlo, muchas abuelas y tías van tener que esperar un poco para evitar las polémicas de “K” y “anti K” en las mesas.


La pura verdad es que “la grieta” va a empezar a acabarse muy lentamente no de modo voluntarista, sino a partir de la descomposición política y moral de uno de los polos. Y todos sabemos cuál va a ser. Nunca es triste la verdad, decía la canción, lo que no tiene es remedio.


Más que de “halcones” y “palomas” los próximos debates van a ser entre quienes crean en la gobernabilidad de los reciclajes eternos del estancamiento y quienes se atrevan a construir desde la deliberación de una sociedad civil puesta en valor, una profundización del programa de derechos y de salida al desarrollo que representa Juntos.


Solo entonces un diálogo real entre diferentes que se escuchen va a ser posible.


Los próximos dos años son muy largos. La contundente derrota que la sociedad impuso a un gobierno sin salida amerita un debate que esté a la altura de las necesidades y los principios que el cambio reclamado requiere.

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