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Elecciones en septiembre y en octubre. El partido del delito compite con dos fuerzas políticas diferentes.

  • 22 jul 2025
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 27 jul 2025



La condena, prisión domiciliaria y prohibición perpetua para ejercer cargos públicos por defraudación al estado de Cristina Fernández de Kirchner, jefa nacional del Partido Justicialista, cierra un ciclo histórico de oprobios para esa fuerza política.


La foto conjunta de Massa, Grabois, Guillermo Moreno y tantos otros alrededor de la figura totémica de una líder de la facción que deberá devolvernos más de 500 millones de dólares robados es una buena síntesis de quienes en los últimos 40 años mostraron algunas de sus peores caras históricas.


Un proceso que comenzó con la quema del cajón de Herminio Iglesias, el apoyo a la auto amnistía de la dictadura y el pacto militar-sindical denunciado por Alfonsín en los años 80.


Por eso, más allá de las ideas de cada quien sobre la izquierda, es difícil encontrar algo más abyecto que el seguidismo de estos grupos, durante los últimos 20 años, a los cómplices de la desaparición de sus propios compañeros, detrás de un nuevo relato sobre esos mismos hechos mentirosos, regado con mucho dinero público y enajenado.


Sólo la especulación estratégica mediocre de quedarse con una parte del cadáver de dicho partido explica las últimas décadas de seguidismo.


Antes, la misma fuerza había sido dirigida por el justicialismo de Menem, el indultador de Videla y Firmenich, de quien heredamos luego de un salto a los casi 20 puntos de desocupación abierta, un piso de pobreza estructural del que jamás nos volvimos a recuperar.


Único caso en el mundo de este tipo, respaldado por un "movimiento obrero" (la dirigencia multimillonaria peronista) que naturaliza el saqueo de los propios y denuncia cualquier política de los ajenos.


Sin embargo, a las puertas del juicio oral de la causa "Cuadernos", los 500 millones de dólares robados de una defraudación meticulosamente probada por casi una veintena de fiscales y jueces de tres instancias procesales a lo largo de casi dos décadas, van a parecer un vuelto.


Lo importante es que ya debemos abandonar las expectativas acerca de un 25 por ciento de la población (algunos hasta buenas personas) que resulta inimputable.


Que pueden ver el video de José López dejando la carabina y los bolsos en la vereda del convento y ni se inmutan (algunos creen que hasta los excita).


Importa que es lo que vamos a hacer con nuestra sociedad y nuestro sistema político por fuera del partido del delito.


Las dos próximas elecciones en Buenos Aires (40 por ciento del electorado del país) albergan en septiembre ocho secciones y 135 municipios distintos con, al menos, en un trazo grueso, tres tipos de electorados diferentes (primera sección, tercera e interior) y en octubre, una síntesis política de todo eso.


Muy incipientemente comienza a gestarse una agenda de lo que no va a poder ser postergado a partir de 2027.


Problemas como los del Garrahan, la inversión en ciencia y técnica y en la universidad pública, el ingreso ignominioso de los jubilados, es más que obvio que no podrán continuar siendo un cero a la izquierda en el Sistema de Cuentas Nacionales.


Sin embargo, la angustia y el voto en consecuencia de Luis Juez a favor de la emergencia en discapacidad sólo evidencia que todos vivimos en la misma sociedad y ratifica que ninguna fuerza política posee el monopolio de la crueldad ni de la anticrueldad.


No obstante, Somos Buenos Aires sería el frente que pretendería hacer punta en esta incipiente agenda.


Lilita Carrió, Facundo Manes, la UCR, el PRO disidente del acuerdo con LLA, por qué no Talerico en octubre, son algunos de los referentes de una agenda -aún no un programa- porque un programa no es un texto sino el sujeto y el partido que, aún en ciernes, pretende llevarlo a cabo.


¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de partido?


De un nuevo peso en la cuestión institucional (hoy virtualmente inexistente) y de una nueva fase instituyente protagonizada por individuos que recrearán todas y cada una de las fuerzas de un nuevo sistema de partidos.


Por ejemplo, aunque esté pintado de violeta, ¿alguien puede afirmar que es lo mismo Valenzuela que el no partido del no estado, de la no obra pública, del absurdo de la no regulación absoluta de las cripto, de esa distopía ridícula de la fusión del interés público y el interés privado de la que fue víctima el mismísimo presidente de la Nación?


Ni siquiera es lo mismo, aunque esta descripción desagrade a todas las partes en pugna, una defensora tan dura de la presidencia como Patricia Bullrich, eventual enviada a cazar, como candidata a senadora, en el zoológico de CABA, tratándose de una posible presidenciable.


Y en este sentido, respecto a CABA, aún no sabemos que va a hacer el PRO del jefe de gobierno Jorge Macri, de María Eugenia Vidal y de Silvia Lospennato, como tampoco el bloque de Larreta y Graciela Ocaña.


En Provincia y en Ciudad todo es posible a partir de la iniciativa de sus actores políticos y sus ciudadanos.


La mismísima Karina Milei tuvo que recurrir al PRO por la dependencia que el poder tiene de las minorías que edifican su racionalidad y, en ocasiones, las posibilidades de su legitimidad.


Sin embargo todo está, a su vez, atado a partir de apuestas precarias.


Por ejemplo, las malas o débiles elecciones de los encabezamientos en la primer sección y en la tercera, por parte de Somos Buenos Aires en el primer caso y la Alianza Libertad Avanza en el segundo, harán que sus electorados voten distinto según se trate del sur-oeste del conurbano o de su zona norte (ya nadie ata a nadie con fidelidades absolutas).


Luego aparecerán las típicas explicaciones simplificadas o sofisticadas acerca de las responsabilidades de la sociedad por estas malas decisiones de sus dirigentes.


Circula un rumor que cuenta que los fundadores de Cambiemos, por legítimas razones de salud, de elecciones de vida u opciones personalísimas no juzgables, desertarían de ofrecer candidaturas presidenciables competitivas en 2027.


Hay una decena de buenos gobernadores que, a diferencia de Formosa, Misiones, La Rioja, La Pampa, Santiago o Provincia de Buenos Aires, entre otros pésimos ejemplos, están transformando sus provincias y entre ellos muchos aspiran a su primer reelección.


De combinarse ambos factores, no faltan quienes especulan con entregar una década de voluntad de cambio, que incluye el segundo gobierno democrático republicano (2015-2019) después del de Raúl Alfonsín, al justicialismo de Córdoba a través de una candidatura presidencial de Schiaretti.


Sin ánimo de sonar sectario, quienes crean poder explicarle a la sociedad que hay un "peronismo diferente" deberán esperar que el soberano les crea e intentar tramitar su identidad al interior de un conglomerado plural de culturas que no van a dejarse arriar fácilmente por quienes deben explicar su formar parte del partido del delito que ha generado el sufrimiento que aún no ha cesado.


No faltan quienes aún quieren formar parte de los experimentos nuevos bajo la consigna "renovar el peronismo" cuando, además de una contradicción en sus términos para quien se presente por una alternativa nueva, poseen en su haber los últimos 40 años que demuestran que habitaron  un partido irrenovable. Hasta el filo Triple A Vasco Othacehé de Merlo intentó salir de las alcantarillas pero no fue aceptado.


Sucede que hay momentos en que los planetas se alinean combinando las posiciones éticas, ideológicas y políticas más antagónicas, pero excluyen irremediablemente otras.


El apoyo del gobierno de Trump a la Argentina en la causa contra YPF actúa sobre una doble estafa de fondo, a los ciudadanos estadounidenses (con la pérdida de su valor bursátil de 15.000 millones de dólares) y a los argentinos, como tan brillantemente lo explicara Gustavo Gutiérrez a partir del vaciamiento, en su momento denunciado por Federici (titular de la UIF bajo Cambiemos) y Elisa Carrió, que continúa ampliando la denuncia y los pedidos de indagatoria.


Quienes no pueden eludir su responsabilidad son quienes llevaron a cabo el vaciamiento conjunto (del grupo Petersen y del kirchnerismo) y su posterior estatización con indemnización selectiva durante la gestión de Axel Kicillof.


Un profundo concepto de Judith Butler habla de lo “forcluido” y sólo suele ser utilizado en su acepción más literal, más socialmente pequeña y más reduccionista  del sexismo queer.


Pero en rigor habla de todos. Habla de aquellos valores, principios, necesidades de millones de personas ninguneadas por décadas a las que no se les permite constituirse desde sus identidades diferentes y plurales pero con rasgos comunes de mayorías, que entre polaridades a veces legítimas y  reales y otras veces artificialmente fabricadas, buscarán abrirse paso entre las voluntades individuales de un nuevo sistema político, con intereses legítimos en pugna, pero por fuera del partido del delito.

  

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