Elogio del sentido común ante el terrorismo de estado criminal de la dictadura en Venezuela
- 5 ago 2024
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Actualizado: 7 mar 2025

Hace ya muchos años me resulta polémico el bobalicón lugar común de muchos amigos sociólogos acerca del supuesto ADN que tendría nuestra disciplina en relación al rol de desenmascaramiento del sentido común de la sociedad y tiendo a pensar que, quizás, antes que desenmascararlo les sería más provechoso comprenderlo.
Ese sentido común, por ejemplo, es casi imposible que no se conmueva por cada una de las historias de vida afectadas por el terrorismo de estado del régimen de Maduro.
Sin embargo, la importancia de la cuestión no involucra a los beneficiarios directos o indirectos de la dictadura como los jefes o jefas de estado que recibieron valijas de Antonini Wilson o las chicas y chicos de la agencia de colocaciones La Cámpora, o los empresarios que compraron C5N como parte del sistema armado por el kirchnerismo.
Tampoco a los moralmente arruinados que viajaron como veedores cómplices del fraude electoral como Atilio Borón o los dirigentes de la CTA a quienes los asesinatos, la tortura, los secuestros desde autos sin patentes y las desapariciones forzadas no logran siquiera hacerlos poner colorados.
Por fuera de ese mundo irrecuperable, el sentido común aprende muchas cosas.
Dentro de los 9900 asesinados en los últimos diez años por la dictadura de Maduro, es necesario hacer una lectura atenta del Informe fechado el 4 de Julio en Ginebra por la ex presidente de Chile y ex Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.
Solo entre el primero de enero de 2018 y el primero de mayo de 2019 hay consignadas más de 6800 ejecuciones extrajudiciales.
A la violencia de la miseria extrema generalizada, de la diáspora de 7 millones de personas virtualmente escapadas del infierno con familias partidas y de la delación como sistema promovido desde el poder, esta vez el pueblo respondió con un repudio electoral masivo, pacífico y unitario.
Las verdaderas revoluciones nunca fueron otra cosa que humildes reformas imprescindibles a las que un orden opresivo pretenden hacer imposibles.
Los delitos de lesa humanidad de la dictadura criminal de Maduro hoy son una de las grandes afrentas que sufre la humanidad.
Si el régimen y sus centros clandestinos de detención se consolidasen no serían más que un portaaviones militar en América Latina del narcotráfico, de Rusia, de Irán y de China.
Pero ni siquiera es lo más importante. Lo más importante es lo que el sentido común ve salteándose cualquier estúpido relato, como sufrimiento humano delante de la vista de todos.
Por eso el rechazo al fraude y la represión une a la mayor parte del mundo. Desde liberales de distinto tipo de América Latina a socialistas como Boric o socialdemócratas como en España a pesar de sus aliados minoritarios y reaccionarios.
Un querido amigo de la vieja época en que existían pequeños bolsones de izquierda culta me recordaba que una parte del socialismo chileno siempre dijo que “la inflación era mala y la democracia buena”. Casi una revolución del sentido común. Tan lejos de Marine Le Pen como lejos del antisemitismo insumiso.
Un sentido común como el de millones de personas en el mundo que miran al querido pueblo de Venezuela deseando lo que se merecen. Y lo que se merecen es simplemente que se cumpla su voto, que la dictadura termine y que puedan recuperar su país, su vida y su libertad.