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En la provincia de Buenos Aires y el país los paladares grises amenazan vaciar la política

  • 20 sept 2024
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 22 sept 2024



En la provincia de Buenos Aires sufrimos uno de los peores gobiernos de la Argentina.


¿Cómo se construye una alternativa más allá del insulto fácil de los convencidos?


Casi todas las encuestas destacan a no menos de tres nombres por fuera del oficialismo provincial y de la ex presidenta condenada en primera instancia y con alto riesgo de terminar impune dadas las increíbles negociaciones del kirchnerismo y el gobierno nacional sobre jueces de la Corte.


En tal sentido, cierta sabiduría popular estaría por estas horas y no sabemos hasta cuando, ponderando en medio de la consabida y brutal  crisis de la política a algunos dirigentes de partidos, o fracciones de partidos, muy distintos.


Pero los dirigentes en las encuestas suben y bajan y más importante que eso es que comienzan a configurarse dos estrategias ramplonas que, por supervivencia, es necesario desarticular.


Ambas son capaces de dinamitar a las pocas personas consistentes con las que contamos en nuestra gigantesca provincia.


Por un lado, el ala Ernesto Laclau del gobierno nacional intenta, no sabemos si pretendiendo imitar al presidente o empujarlo, despejarle las pocas X con las que cuenta para sostenerse.


En la vereda de enfrente se intentan “bloques” de un supuesto gramscismo bobo sin paladar negro alguno, que confunde la suma de fuerzas auxiliares con el intento burdo de alianzas sociales y culturales con todo aquello de lo que el pueblo se hartó y repudia.


En algunos casos, no se dejan ideologemas gastados sin evitar ni impresentables sin abrazar.


Como si las estrategias fueran dictadas por esos consultores que le facturan sus servicios a la virtual totalidad del arco ideológico, institucional y político partidario argentino con ideas gastadas –salvo alguna que otra que copian- pero, casualmente, sólo tienen éxito con algún justicialismo de Córdoba.


Es por eso que todavía se toleran los duros aumentos de servicios y transportes que acorralan a inmensas mayorías que, no obstante, reconocen la baja de la inflación.


Se trata de un impasse en el que nunca faltan, además, entre los buenos, los malos, los honestos y los corruptos, las conocidas y típicas figuras intermedias de las tortugas apoyadas en lo alto del poste. Esas que nadie sabe cómo llegaron allí, que todos saben que no lo hicieron solitas, que nada útil harán desde esa posición y que siempre nos interrogamos cómo aún nadie las quitó.


Es cierto que, como afirma un periodista, algunos trabajan de gestionar la ira.


Pero la pregunta, en todo caso, es por el esfuerzo, la responsabilidad, la creatividad y la innovación ciudadana de los que no.


La construcción de una alternativa política sólida que nos ayude a sacarnos adelante como sociedad sigue esperando su turno. La dignidad carece de atajos y de facilismos.

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