Guerra: las agresiones que desangran al mundo y el repugnante autogolpe en Venezuela
- 14 ene 2025
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Actualizado: 9 jul 2025

La guerra se ha transformado, como decía Clausewitz, en la continuación de la política por otros medios.
Pero además, las razones de estado y la violencia tienden a desplazar a la sociedad civil, pese a que la verdadera sociedad civil sabe de qué se trata y está a una relativa distancia de quienes pretenden manipularla en nombre de la política y aún más, de la antipolítica.
Quizás, entre lo más hipócrita, están los liderazgos religiosos, institucionales o políticos que simulan una neutralidad no sincera y no creída por nadie.
Las últimas semanas recrudeció la necesidad de ganar alguna posición en la guerra por parte de todos los actores, a la espera de la asunción del grandote del barrio planetario, acerca de quien todos tienen expectativas de cierto orden, más allá de las divergencias de intereses y de caracterización y de los que se auto aguardan como ganadores o como perdedores, pese a que lo cambiante de esta realidad no augura posiciones preestablecidas escritas en piedra.
En medio del horror suceden muchas cosas.
La caída del régimen de Bashar al-Ásad en Siria es el hecho más trascendente de Oriente Medio en décadas.
Como parte del medio millón de víctimas de esta dictadura, cuentan los 30.000 ejecutados o muertos bajo tortura en Saidnaya, la cárcel conocida mundialmente como “el matadero humano”.
Tras la reciente caída de uno de los sistemas criminales más crueles del mundo, fue hallada una fosa común de más de 100.000 cadáveres.
Pero este veloz e inesperado triunfo de lo que hace más de diez años fue iniciado como Primavera Árabe “por abajo”, es inentendible sin las razones que desestructuran el poder de estado en toda revolución desde afuera como tan innovadoramente lo explicara hace décadas Theda Skocpol.
Con Israel demoliendo parte de la pata iraní (Hezbolá, los voladores de nuestra AMIA) y Putin distraído en Ucrania, que paga muy cara su invasión y sus crímenes en este país con una aleccionadora derrota en el gigante medio oriental.
Aún cuando occidente mire todavía de reojo al liderazgo que rompió hace una década con Al Qaeda, todos los primeros gestos, incluido el comunicado que autoriza a las mujeres a vestirse como deseen, justifican los festejos en las calles.
La aparente voluntad de no agresión a Israel representaría una bocanada de oxígeno a la única democracia estabilizada de la región, sujeta a partir del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 a la mayor ola mundial de antisemitismo desde la segunda guerra. Todo, en el contexto de una Europa amenazada.
Otro tipo de fenómeno, el del valiente pueblo venezolano con sus queridas familias rotas y expulsadas, que arrasó en las últimas elecciones junto a la conmovedoramente corajuda dirección política que lo expresa, no ha podido aún al momento en que son escritas estas líneas, hacer valer la voluntad expresada en las urnas y romper el autoritarismo abyecto de Maduro y Diosdado Cabello.
No faltan quienes atribuyen a las voluminosas exportaciones de petróleo a EE.UU. las razones de este sostenimiento en el poder. Sin embargo, las causas parecen ser más simples.
Más allá de la retórica provocadora, vacía y absurda, el ilegítimo gobierno de Venezuela, al contrario del disuelto estado sirio, se sostiene en la pura fuerza.
Tan ilegítimo e impresentable es, que los únicos presidentes que pusieron la cara en el circo de la reasunción son los de Cuba, en crisis, y la dictadura nicaragüense.
Pero aquí no importan, ya, las caras. La presencia de las delegaciones de Rusia, Irán y China entre otros actores reaccionarios de las actuales guerras y una parte del actual poder, aseguran convertir a Venezuela en un portaaviones de autocracias extra regionales rodeando a un ejército de narcos, corruptos y financistas de aliados, como lo fuera Cristina Kirchner o estados de cooperación militar iraní como el actual estado boliviano.
Para los cultores del factor petróleo como explicación global, no debería olvidarse el rol de cuidado del recurso del pueblo kurdo así como su lealtad en el combate a ese otro engendro sanguinario (en este caso de origen sunita) que fue el ISIS.
El posible exceso de la presencia turca en Siria, así como su apoyo a la reasunción trucha de Maduro sumado a Rusia, Irán y China, debería también ser objeto de atención.
Sucede, además, que la abrupta derrota de Rusia con la salida de la dictadura Siria, abriría la posibilidad a Trump de mejorar el deslucido y cómplice rol en la estabilización criminal de dicho régimen en su primer mandato. No por amor ni por odio, sino por múltiples necesidades contradictorias de supervivencia en pugna.
Para quienes creemos que la guerra es siempre una derrota, el combate a las relaciones sociales bárbaras que llevan a la misma está en la base más profunda de una política de paz.