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Incidencia de la pobreza y la indigencia. Un clamor: no mientan más

  • 4 abr 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 17 mar 2025




Terminaba el 2019 y en una mesa de café, una señora peronista muy formada se horrorizaba del índice de pobreza de 35,5 que se experimentaba bajo la gestión de Cambiemos y al que “redondeaba” conveniente y propagandísticamente en “40”.


Ya es tarde para decirle que no. Que a ese desastre recién se llegó de la mano del gobierno de sus compañeros y es lo que estamos transitando hoy. Que no hubo un solo semestre desde la asunción de Cristina, Alberto y ahora Massa en el que el informe “Incidencia de la pobreza y la indigencia” publicado por el INDEC no arrojara indicadores claramente peores a los que vimos en los únicos 4 años no kirchneristas de los últimos 20.


Pero aún no creo que el peor gobierno desde la última dictadura, próximo a ser derrotado en las elecciones que vienen, reciba todo el castigo de fin de ciclo que merece.


Todavía es necesario desandar tres mitos para que esta próxima derrota sea definitivamente aprovechada.


Todos van a ir a votar deseando el final, pero tres minorías importantes (dos de ellas asociadas al famoso círculo rojo) van a hacerlo arrastrando algunas de las creencias que nos mantienen anclados al atraso.


La primera es la del propio inframundo K, que permea a parte de la izquierda y de la sociedad y que cree que el gobierno, los mayores empobrecedores de la sociedad argentina, lo son, en realidad, por factores exógenos a ellos mismos, como el Fondo Monetario, los empresarios, el campo y todo un dispositivo cerrado de argumentaciones falaces mal recicladas y dislocadas de los últimos 40 años. Para esta creencia no existen ni fallos de los tribunales por defraudación al estado, ni videos públicos con fajos termosellados de La Rosadita que la conmuevan. Tienen a su vez la ayuda de un señor Bergoglio que toma partido político livianamente sobre hechos de los que no conoce un expediente.


Pero en vísperas de que este sector pueda ser aplastado electoralmente, aparecen otros dos mitos.


El segundo mito es la fantasía de que un “peronismo blanco” oficie de verdadera policía social. El sueño de que un peronismo “secuestrado” hace décadas por los K se despierte y ocupe el lugar atribuido a los punteros como cuidadores de mayorías pobres a las que hace décadas abandonaron.


En rigor, se escriben ensayos sofisticados intentando descubrir el agujero de la guitarra, cuando la única deuda objetiva con algún peronista honesto de base es, en algunos casos, no ayudarlos a romper con fracciones políticas que en las últimas décadas solo acumulan corrupción, clientelismo, ideologías inconsistentes, miseria y atraso.


En tercer lugar, hay una clase media a la que se expulsa y de la que se olvidan, a la que pretenden condenar a optar por aventuras mesiánicas ajenas a cualquier estrategia racional.


Afortunadamente, en la provincia de Buenos Aires se estaría gestando un acuerdo amplio que suma a los partidos de Juntos por el Cambio, una fracción del liberalismo político -no mesiánico- para sacarnos de encima al cristinismo que cotidianamente nos atormenta.


Los golpes que acaba de recibir Sergio Berni por parte de compañeros de un colectivero asesinado -más allá de lo repudiable de todo acto de violencia física- representa más que eso.


Anticipa, en una transición que deberá ser pacífica, el rechazo a los mayores estafadores y fabricantes de inseguridad, falta de civilización y miseria acumuladas durante mucho, mucho tiempo.


En las cárceles federales desde donde se dirige el narcotráfico se pagan 3500 pesos diarios en alimentación por recluso. En el sistema alimentario escolar, la provincia de Buenos Aires paga 205,50 pesos para el servicio de comedor y 84,50 para el desayuno-merienda por alumno.


Mientras tanto, el abogado de Cristina (ex defensor de Ribelli) para la rigurosísimamente trabajada por el fiscal Stornelli y originalmente el juez Bonadío, causa Cuadernos, amenaza a los mejores periodistas de este país y el gobernador Kicillof intenta acusar del fallo contra Argentina por el modo desastroso en que fue estatizada YPF a un universo de conspiradores guiados por San Cono.


Massa continúa con una inflación desatada y un Banco Central vaciado al que acaban de ponerle “nafta” por tres meses gracias al auxilio del Fondo Monetario, tras una súplica conjunta con el presidente Fernández al gobierno de Estados Unidos.


El fin de la pesadilla deberá ser completo. En Nación, en Provincia de Buenos Aires, en CABA y en todo el país. Los “compañeros” hace décadas dejaron de representar a los pobres. Pero de acuerdo a los regulares informes del INDEC, al que afortunadamente, a diferencia de la etapa K anterior, no intervinieron, nunca la evidencia llegó tan lejos.





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