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Inflación, miseria, delirios y violencia

  • 2 oct 2022
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 11 ago 2024




La inflación está impactando de lleno en los bolsillos de los trabajadores y la asfixia por el aumento de costos y la presión impositiva pone contra las cuerdas a las empresas.


Luego de casi tres años del cuarto gobierno K, la pobreza descendió apenas, coyunturalmente, a un punto todavía por encima de como la había dejado el gobierno de Cambiemos en 2019 ya que, desde ese entonces, dicho índice siempre estuvo aún peor y la última medición arroja, además, un aumento de la indigencia.


Dentro de este cuadro de fracaso la conflictividad de estas últimas semanas estuvo marcada por tres dimensiones diferentes cuyo análisis requiere del abandono de cierta ceguera marcada por una polaridad derecha-izquierda que en América y a veces en el mundo imponen ciertos populismos corruptos y autoritarios de ambos signos.


Para entender la exitosa negociación del Partido Obrero en el conflicto del Sindicato del Neumático hay que recordar que desde hace décadas y mucho antes del arribo de su lista, el SUTNA es de izquierda. ¿Cómo calificar sino a un viejo dirigente como Pedro Wasiejko en los tiempos anteriores a “que se golpeara la cabeza”- para usar la expresión de un amigo- y fuera arrastrado, como tantos otros, por la marea del estiércol K?


El SUTNA, desde los años 80, aprovecha los altísimos niveles de productividad de la industria del neumático para lograr salarios muy por encima de la media del resto.


En el último conflicto, el PO utilizó como masa de maniobra a decenas de miles de Potenciar Trabajo que hicieron invivibles algunos tramos de CABA para lograr algún puntito más de actualización salarial en las plantas de neumáticos paralizadas. No sabemos si los Potenciar Trabajo lograron o no algún paquete de fideos más por los servicios prestados.


Pero en todo caso, hubo alguna resolución menos mala que la del cristinismo desesperado operando con las chicas secundarias hablando por iPhone y tomando colegios porque “les pibes tienen hambre” y la culpa sería de la insuficiencia de los sandwichitos que Larreta da, por ejemplo, en el Sofía Esther Broquen de Spangenberg.


Esta segunda dimensión de la conflictividad significa otra cosa. El espectáculo de estas tomas con argumentaciones desopilantes en un país sufriente, acompañadas por vandalizaciones de baños con –en algunos casos- recientes puestas en valor costosísimas, ¿serán los últimos estertores de un final de ciclo de barbarie K? ¿Cuál es el significado de la UTE-CTERA y de Ademys bancando con un paro estas cosas?


Una tercer dimensión de la conflictividad la constituyen las diversas formas de violencia mafiosa directa. Por ejemplo, la gente que responde al sindicato de camioneros de los Moyano. La reciente irrupción con agresiones físicas en la planta de una empresa en Avellaneda se suma a la práctica de bloqueos en distintos puntos del país y es una invitación al cierre de empresas en un país que necesita humana, social, productiva y económicamente lo contrario. Necesita el quiebre de estas prácticas, inversiones y más trabajo.


Otro nivel de esta dimensión de la violencia directa y de la ausencia de estado lo constituyen la profundización de la instalación del narco, adueñado de la vida en lugares como Rosario; y en una escala casi surrealista el puñado de seudo mapuches que incendian, disparan y usurpan predios públicos y privados en el sur, cercanos a nuestra mítica ruta 40. El reciente retorno del muchacho de los binoculares que años atrás, incurriendo en falso testimonio, había visto lo que no sucedió, desafiando por estos días a las fuerzas federales, demuestra que en la actual era del kirchnerismo/ peronismo la realidad supera a los memes.


Pero la jefa de esta cosa que nos gobierna ha elegido el AMBA como teatro de operaciones principal de sus desatinos.


Al interior del bloque contrario a una salida por el desarrollo, la república y la libertad, en los jueguitos callejeros el PO le ganó uno a cero y la sociedad retrocedió a menos diez.


Es más, la diferencia en esa interna loca sería mayor si su aliada descolorida Bregman no hubiese tomado partido por Cristina frente a la dura, institucional y documentada acusación del amenazado fiscal Luciani en la causa Vialidad.


Pero yendo a cosas más serias, la opción de la vicepresidenta por concentrar recursos económicos discrecionales y apoyo político al Buenos Aires de Axel Kicillof sólo se sostiene sobre un supuesto.


La -por ahora- falta de respuesta política y social de envergadura a una radicalización abyecta del clientelismo oficial y a una movilización militante molecular desde el poder de los recursos humanos atrasados de los que dispone, solo compatibles con el empobrecimiento estructural y la puesta en marcha gubernamental de un archipiélago de ficciones solo compatibles, a su vez, con una sociedad derrotada.


Sin embargo, no estamos condenados ni al éxito ni al fracaso.


La esperanza de que emerjan las voces de una dignidad pacífica que recoloque a Juntos por el Cambio con un mandato de reformas a deliberar y a construir es lo que va a romper la inercia regresiva que nos coloca en un lugar de meros afectados por el peor de los gobiernos.

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