Intensos pero no tanto: los pueblos de Brasil, Israel y Serbia eligieron democráticamente a sus líderes
Actualizado: hace 31 minutos

Parece poco pero no lo es.
La extraordinaria María Corina Machado acaba de entrar nuevamente en Venezuela y de ser acompañada por multitudes, pero aún la dictadura chavista de Delcy Rodriguez, cercana a Trump, no deja el poder ni libera a los presos políticos en el querido país.
Lo sustantivo de estas tres elecciones, pese a las diferencias ideológicas de sus resultados y de la presencia de María Corina junto a su pueblo en Caracas, excede en mucho la novela de James Bond con la que una articulación hemisférica ayuda a huir a Flávio Bolsonaro luego de perder por más de cuatro millones de votos en Brasil.
Las múltiples imágenes de jóvenes compartiendo y disfrutando paseos con sus amigos en la previa del balotaje a pesar de sus diferencias al interior de los grupos en la elección del voto y la intensidad de la polarización demuestran que, al igual que el conjunto de la sociedad, están un pasito adelante del sistema político y del poder judicial.
En otro plano, el famoso dúplex por el que Lula llegó a estar preso y luego absuelto no sobrepasa la pequeña escala de los bienes de un Adorni y carece de punto de comparación con los inconsistentes millones de dólares, las flotillas de autos y las colecciones de propiedades de los Kirchner, así como con las propiedades de la oligarquía que representa el peronismo de las últimas décadas. Esto, suponiendo que los fenómenos sociales, políticos y de corrupción fueran sólo medibles en bienes y dinero.
Otra elección democrática que sorprendió a algunos es la del movimiento universitario de Serbia (allí con un fuerte componente anticorrupción) que acaba con el gobierno que contaba con el (raro?) privilegio del favor simultáneo de Trump y el criminal de guerra Vladimir Putin. Los nuevos aires fueron celebrados por la castigada Unión Europea.
Por último, la tercera elección de importancia extrema se manifiesta con la masiva concurrencia a las urnas (la más alta desde los años 70) del pueblo de Israel, en la que la única democracia de Oriente Medio se expresa con la típica pluralidad de una miríada de partidos de las más variadas expresiones ideológicas (religiosos, laicos, de derecha, de izquierda) y con una altísima representación de partidos árabes.
El bloque de partidos del actual primer ministro logra el mayor número de votos pero no como para formar gobierno de inmediato, así como le sucede al segundo bloque de partidos de su principal retador. Hasta tanto el presidente invite a formar gobierno o se convoque a nuevas elecciones, Netanyahu continúa en el mando con algunas de sus atribuciones limitadas.
El peso de estas tres elecciones así como la digna presencia de María Corina en Venezuela se da en momentos en los que es más necesaria que nunca la distinción entre lo sustantivo y lo accesorio, entre las operaciones de propaganda y la realidad.
En la crisis (y el ataque) que vive Europa, los black bloc no van a tardar en diferenciarse de los chalecos amarillos como cuando en Cutral Co, en los orígenes de nuestros piquetes enmarcados en la desocupación masiva de aquel momento del menemismo, los “fogoneros” disconformes con la negociación de los piqueteros los acusaban de traición.
Desde aquel momento hasta nuestros días la pretendida “izquierda de la izquierda”, tanto en nuestro país como en el mundo, no dejó de desplazarse desde los deseos de ser la representación de la vanguardia del progresismo, a ser la vanguardia consecuente de un bloque de barbarie.
Del mismo modo, fueron abandonando no sólo el corazón de los trabajadores formales, que hace más de un siglo y medio eran concebidos como el “sujeto” de la emancipación social, sino a cientos de millones de personas cuyo principal deseo en la vida es ingresar a ese mundo del trabajo.
Los chalecos amarillos de Francia ya lucen envejecidos, marchando con la vieja CGT y el arcaico Partido Comunista (allí sí hay comunistas de verdad!) que, a su vez, ya lucía envejecido y era objeto de críticas y burlas a fines de los años 60 por parte de los verdaderos hacedores del Mayo Francés.
Los black bloc son reclutados entre los energúmenos más cobardes, antisemitas y fanáticos desde el punto de vista religioso o seudo político.
La destrucción del patrimonio público urbano supera con creces la voracidad inmobiliaria con complicidad del estado que enfrentaba la querida y activa militante en defensa del patrimonio histórico de Buenos Aires, Teresita Anchorena.
Teresita, sin duda, vencería a los black bloc porque se trata de voluntad y razón, no de fuerza.
Nadie esperaría de los jefes y organizadores de jóvenes reaccionarios y violentos que conozcan a Habermas, que prescribía para el reformismo radical no romper el piso democrático común, es decir, la necedad de acabar con la casa de todos.
Pero es más que obvio que es la verdadera intención, mientras granjas de trolls desde China y Rusia se divierten con lo que sucede en sociedades abiertas.
Es por eso que cuando el conflicto interno de las sociedades se canaliza a través de una vía democrática, más o menos imperfecta, es necesario celebrarlo, y cuando dirigentes con el coraje de María Corina lo exige, también.
Afuera del conflicto hay demasiada tarea. Desde enfrentar y superar la reducción del trabajo hasta la angustia de las inundaciones por el “super niño” en el litoral. Lo mínimo que nos debemos es la forma de solución de controversias que el bendito occidente patentó.