La corrupción y el autoritarismo se autoperciben amorosos
- 9 sept 2022
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Actualizado: 11 ago 2024

En contraste con muchos de los debates de la Unión Europea, los llamados “delitos de odio” han sido y son utilizados en América Latina como el revés exacto de aquello que proclaman.
Numerosísimos testimonios de las mesas de tortura de Venezuela revelan que se han utilizado las normas así bautizadas como excusas de sus aberrantes crímenes.
En alguna oportunidad mencioné el conocimiento de los informes de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Michelle Bachelet sobre Venezuela como una necesidad urgente para aquellos que alguna vez se conmocionaron con nuestro Nunca Más, obra de la CONADEP.
A tan poco de despedir a una de sus miembros, la valiente periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, un profesor K celebraba con palabras soeces su desaparición física en redes. Un poco por vergüenza ajena me reservo el nombre de la institución de la cual egresó, ya que no hace muchos años me tocó tratar con su rectora.
Pero no debería asombrarnos, ya que un poco más atrás en el tiempo, los K colocaban una imagen de su icónica figura, símbolo de la defensa de los derechos humanos, el pluralismo, la democracia y la libertad, para que los niños la escupieran.
No es necesario hacer un listado de las horrorosas acciones sistemáticas de quienes se autoperciben amorosos. El mismo sería interminable.
Desde colaboradoras de Milagro Sala molidas a palos por hombres, ante el silencio de su abogada defensora y actual ministra de género Elizabeth Gómez Alcorta, hasta las muestras públicas de apoyo y amistad hacia dictadorzuelos como Daniel Ortega o criminales de guerra como Vladimir Putin.
Como a cargo de instituciones y sistemas educativos provinciales se encuentran muchos de sus militantes más caracterizados, no vamos a demorar en escuchar los gritos de profesores levantando el dedito como Rachid en nombre del amor y en contra de los discursos de odio.
No haría falta ser muy sagaz para darse cuenta de que estas mamarrachadas inconsistentes del actual poder son insostenibles.
Luego de lo que, en primera instancia, sería un repudiable e increíble intento de magnicidio hacia la señora Cristina Kirchner, con una extraña actuación de la Policía Federal a cargo de Aníbal Fernández y de la custodia de confianza vicepresidencial, la oposición tendió una mano que, paradójicamente, no fue aceptada.
El inmediato intento de uso político gubernamental responsabilizando a la oposición política, al periodismo y al sistema de justicia, que se atreve a hacer lo que debe y a acumular pruebas contra un histórico sistema de corrupción, no cayó bien siquiera en sus propios seguidores a excepción del –por ahora- núcleo más enajenado, operativo, funcional y fanático que rodea a su dirigencia.
La polaridad entre amorosos (ellos) y odiadores (todo el resto) propuesta por el poder K, es demasiado tosca. Un insulto a la inteligencia, incluso, de muchos de los suyos...