La derrota social y política del kirchnerismo es la precondición de cualquier programa
- 26 jun 2022
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Actualizado: 17 mar 2025
Nunca está de más recordar lo obvio. El gobierno de Cristina Kirchner y Alberto Fernández está hambreando al pueblo argentino.
Pero la desesperación de Cristina –jefa del desastre del que busca despegarse- se dispara tras el oxigenante fallo de la Suprema Corte que acaba de rechazar todas y cada una de sus presentaciones para evitar ser juzgada en gravísimos hechos de corrupción producidos durante su anterior gestión y acreditados en montañas de pruebas que obran en sede judicial.
Simultáneamente, el problema de la falta de gasoil que paraliza áreas enteras de la producción está a cargo del ultracristinista secretario de energía, cuya renuncia ya es pedida por la Mesa de Enlace, antes de que el agravamiento de la situación impacte aún más en el conjunto de la población.
Resulta curioso en este contexto, cómo la señora continúa siendo interlocutora de fundaciones que intercambian ideas sobre programa económico o cómo se auto coloca en el centro del debate sobre políticas sociales.
Despejemos irracionalidades. El giro de Javier Milei que ahora propone oportunistamente no tocar los planes sociales y regalarle Aerolíneas Argentinas a los esbirros de Pablo Biró, que son quienes condujeron la empresa a su actual situación, mantiene su política de “motosierra” a no se sabe qué cosa (¿a la democracia?).
Pero la nueva guerra interna del partido gobernante (en la que Cristina ya se quedó con ministros y gobernadores de Alberto Fernández) nos obliga a ser cautos en los debates.
El sistema educativo descubrió hace algunos años el “pensamiento situado” a pesar de los desquicios populistas kafkianos de sus subsistemas, sus ideologías y sus deserciones, cuyos resultados e impactos en nuestros alumnos están a la vista de todos.
Pero la política, por momentos, ni siquiera llega a descubrir hasta qué punto la discusión de programas es “situada” en el sentido de que la corrupción y los sistemas de clientelas en pugna la contaminan.
Ahora algunos de los llamados “movimientos sociales” y Cristina se revolean desde proyectos de “renta básica” hasta estatizaciones de políticas para evitar la intermediación. Algunos de los argumentos en uno y otro caso tienen, abstractamente, retazos de legitimidad. Pero todos dicen verdades a medias, que no son más que una mentira completa.
La mentira de las inconsistencias de una política pro-inflación, la mentira de las inconsistencias de prácticas de ataque a la producción y el trabajo, la mentira de las inconsistencias del alineamiento con las sociedades más atrasadas, injustas y autoritarias del mundo, la mentira y el imposible ocultamiento de un pacto de impunidad.
Por otra parte, la policía del ministro cristinista Berni, en un hecho que pasara casi inadvertido, anduvo a los balazos de goma contra docentes y estudiantes de Villa Fiorito que solo pedían seguridad luego de que asaltantes violentos los robaran al interior de su propio Instituto. Poco antes, el ministro que nunca terminó de aclarar su actuación durante las jornadas del asesinato de Alberto Nisman, se hacía el malo con un perrito frente a los transportistas que reclamaban por la falta de gasoil.

Mientras tanto, un avión con sus tripulantes venezolanos e iraníes, algunos de estos últimos vinculados a la fuerza que diera apoyo a la organización que volara la AMIA, permanecen retenidos e investigados por la justicia en el país. El avión en Ezeiza, el aeropuerto de un país que bajo la gestión K es tristemente “amigo” de quienes perpetraron la agresión.
Todas imágenes de un naufragio que son necesarias retener, para que el debate sobre economía, desarrollo o políticas sociales sea el debate de otro país, con otros protagonistas y la lenta emergencia de una nueva sociedad, apoyada en otra gente.