¿La hora de las provincias?
Actualizado: 14 ago

En no menos de diez provincias argentinas (incluída CABA) se vive leve, pero claramente, mejor que en el resto.
No casualmente se trata de jurisdicciones cuyos gobernadores fueron electos a través de Juntos por el Cambio.
En algunos casos a partir de la prevalencia de parámetros económico-sociales, en otros como efecto de parámetros institucionales, en otros por una combinación de ambos y en otros, hasta por parámetros éticos.
Todas tienen, además, grandes probabilidades de elección de sus fuerzas políticas, hoy fenómenos tan valiosos como fragmentados y sin referencia nacional.
Una parte del análisis que sigue, puede autodestruirse en muy poco tiempo dada la tendencia del país a producir “cisnes negros” de alto impacto cada puñado de meses. El último fue el caso Adorni.
Pero en el cuadro actual, millones de bonaerenses se encaminan a votar con las dos manos a Diego Santilli, mientras el peronismo decide su candidato a gobernador o gobernadora entre el Hombre Lobo, Drácula o Frankenstein.
La presidenciable Patricia Bullrich (y esto corre por mi absoluta cuenta y cargo) apuesta hoy a la reelección de Javier Milei, entre otras razones, porque cree que la reelección de una fuerza no peronista constituye un quiebre de la permanente capacidad de bloqueo a toda reforma del peronismo-kirchnerismo, que sigue constituyendo la fuerza más persistentemente corrupta de la Argentina.
Guste o no guste, la presencia de Santilli como jefe de gabinete y el peso propio de Patricia son indicadores de un “reseteo” profundo del gobierno que está siendo llevado a cabo por el oficialismo, veremos aún hasta dónde, ya que de ese reseteo depende la reelección o no reelección presidencial.
El mensaje de Santilli acerca de la necesidad de que lo conseguido en materia de estabilización macroeconómica llegue a la gente es un reconocimiento a la agenda que no deja de crecer en materia de los problemas de bajos ingresos, trabajos mal remunerados y gravedad del estado del sistema jubilatorio, cuyo único y pequeño gesto de justicia de las últimas décadas fue la llamada “reparación histórica” de la gestión Cambiemos, interrumpida con el regreso del kirchnerismo al gobierno.
También conforman esta agenda los problemas de financiamiento de obras o en áreas de educación y salud que es, a todas luces, insuficiente y que no alcanzan a saldarse con el justo reclamo de auditorías a los responsables institucionales.
Con esta creciente agenda suceden dos cosas.
La primera es el ruido producido por buena parte de sus portavoces, ya que se trata de los portadores del mismo programa que destruyó el país.
La segunda es que remite, a su vez, a una agenda de desarrollo aún poco elaborada debido a toda una serie de facilismos corrientes.
Ningún sociólogo, economista, politólogo serio cree que esta última agenda pueda producirse sola, con un mero derrame, sin intervención de una estrategia direccionada.
Lo que no es cierto, es que la misma pueda estar subsumida en una discusión tosca entre liberales y regulacionistas.
En sociedades complejas modernas es necesario mirar área por área, porque también existen “estados capturados”, como decía O’Donell, donde lo público está colonizado corruptamente por un costoso interés privado y su reconstrucción consiste en la ruptura de ese interés como paso liberador al desarrollo. Pero ningún dogma por sí mismo produce la estrategia.
Se habla mucho de la necesidad de acuerdos con los gobernadores, pero parte del imaginario popular de los distintos sectores en pugna cree que sólo se trata de una cooptación de funcionarios a un programa rígido no tocado.
Sin embargo, es más que obvio que una parte de la agenda de necesidades y demandas populares en ascenso se suma a esta alianza con la presidencia y es una de las razones de la posibilidad de reelección de Milei constituya o no una agenda de desarrollo.
No olvidar que estamos en un tiempo en que las exaltaciones ideológicas, sean de derecha o de izquierda corren por andariveles diferentes a lo que los gobiernos hacen.
Los efectos posibles de estas exaltaciones son los de proveedoras de sentido, los de mero ruido o en algunas coyunturas muy, muy específicas, son proveedoras de hartazgo.
¿Una agenda de desarrollo cabría en la lógica del actual modelo oficial renegociado y reseteado? ¿O se trataría de una nueva “fase” o un nuevo modelo?
En la próxima visita del nuevo Papa a la Argentina, ¿cómo van a ubicarse los partidarios de las dicotomías fáciles, cuando con respecto a la regulación de la inteligencia artificial ambos (Papa y presidencia) han tomado posición pública internacional en un sentido tan diferente?
No me voy a privar de decir algo muy incorrecto pero cierto. Muchos millones de argentinos sienten cierto alivio interno de que ya no lluevan rosarios para los peores corruptos del peronismo mientras no se veían gestos análogos para ningún referente social honesto sea de la ideología, credo o religión que fuese.
En tal sentido, la visita del actual Papa contará con cierta novedosa perspectiva ecuménica.
Son tiempos raros en los que muchos se marean detrás de alineamientos de países, de posicionamientos banales, de alineamiento de empresas y de dirigentes detrás de múltiples polos de poder, que no necesariamente son múltiples polos de racionalidad política.
Menos todavía son, por ahora, grandes tiempos de las sociedades, como lo demuestran los sufridos pueblos de Venezuela, bajo la dictadura de Delcy Rodríguez y de Irán, bajo la dictadura de los ayatolas, a pesar de la guerra.
Entre nosotros, posiblemente se venga una hora de las provincias y entre ellas, fundamentalmente, de las bien administradas. Unas y otras, también las de peor gestión, van a adelantar sus elecciones a gobernador.
Esperemos que tras ellas, una ola de renovación, confirmación en los casos positivos o alivio tenga lugar.
Como cuando vemos a nuestra gran selección de futbol y a diferencia de cuando vemos a nuestros dirigentes de la AFA.