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La I.V.E. es ley en Argentina, pero la amenaza K a la democracia continúa

  • 30 dic 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 17 mar 2025


No se puede no brindar por ellas. Corría el año 1989 y con el lema “Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” la Comisión por el Derecho al Aborto fatigaba los partidos políticos promoviendo su anteproyecto de ley. Pienso en Dorita Coledesky y en Laura Bonaparte como en dos de las referencias de una importante red. Pienso que celebrarían pero no las imagino conformistas y apacibles. Y creo que ahora que “es ley” y tal como nos aconsejara Ortega y Gasset deberíamos ir “a las cosas” y proponer a cada tribu –pienso sobre todo en las más jóvenes- escuchar la preocupación de lo más lúcido de la otra.


Por ejemplo, sería deseable ver a verdes y celestes trabajando para que la interrupción voluntaria del embarazo sea la última opción y no la primera por desidia del estado, en este grave problema de salud pública.


Pienso en Dora, en Laura y en muchísimas compañeras de un pequeño partido que me tocó presidir en Provincia de Buenos Aires y puso hace 20 años un pequeñísimo grano de arena junto al socialismo de Alfredo Bravo (tan alejado de algunos operadores que luego abandonaron una tradición honesta y noble) de lo que fuera la ayuda al inicio del movimiento ARI. Algún día me ocuparé de las ideas no conocidas de compañeros afiliados como Carlos Jáuregui.


Pero más importante, es la vasta tarea común que tenemos entre sectores que se conocen demasiado poco.


El aborto legal es ley y dejaremos para algún seminario fraterno el problema del origen del propio cuerpo según el psicoanálisis o el problema de su propiedad según Kristeva.


En un modelo gubernamental de sociedad en el que sólo crece la pobreza, todas las violencias tienden a agravarse, incluidas las de género.


Paradójicamente –o no tanto- es un símbolo “celeste” como Marcela Campagnoli quien acaba de presentar el proyecto más ambicioso y radical sobre reglas de prueba a la investigación de delitos sobre integridad sexual, que interviene sobre distintas normas.


Es un evidente trabajo tras las huellas del revolucionario cambio sobre el código penal acerca de lo que se llamaban “delitos contra la honestidad” que lograra Lilita Carrió a fines de los años 90 con la unanimidad de los diputados nacionales. Ningún investigador o investigadora que se dedique a estudios de género debería dejar de leer esa pieza teórico-legislativa hecha realidad.


Pero no imagino a aquellas precursoras de fines de los ochenta solo brindando por el voto histórico de una Cámara sin prestar atención a la situación gravísima del país y a lo que sucedía, simultáneamente, en la Cámara de al lado.


El indignante robo al bolsillo de los jubilados que legaliza la salida de la inflación de la fórmula que actualiza sus haberes fue acompañado por diputados de la “corriente clasista y combativa” y del justicialismo “racional” y de “centroderecha” de Córdoba. Lo que muestra la imperiosa necesidad de sostener a la oposición que realmente cuenta más allá de sus diferencias de miradas, para enfrentar la pesadilla social e institucional que nos acecha.


Treinta años atrás un grupo de académicos entonces lúcidos y luego seniles sostenedores de dictadorzuelos se preguntaba cuánta miseria aguantaba la democracia. Y ni siquiera sufríamos el acoso de una pandemia mal gestionada y de multiprocesados queriendo dinamitar el sistema de justicia para garantizar su impunidad y perpetuidad.


Los que conocimos a Laura, a Dorita, a su marido Ángel –ellos sí eran verdaderos “libertarios”- sabemos que mantendrían la respiración contenida hasta no ver una luz en el túnel del sufrido pueblo argentino. Que lucharían por esa esperanza. Que serían conscientes de la crisis en curso y que sólo desde un piso mínimo de garantías sociales e institucionales podrían decir, recién entonces, que contamos con varias vergüenzas menos y con alguna libertad más.


Mientras tanto, brindemos por el final de uno de los peores años de las últimas décadas. Y sigamos trabajando con todo el esfuerzo y la inteligencia que necesitamos, por la salida.



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