La lucha continúa y rinde frutos
- 7 feb 2021
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Actualizado: 11 ago 2024

Contra cierto sentido común derrotista frente a un poder de estado mamarrachesco, inescrupuloso y autoritario, el ANSES cumplió con la obligación de apelación que se le reclamaba ante el escandaloso monto mensual millonario con fondos públicos que ilegalmente un juez amigo le regalaba a Cristina Fernández de Kirchner.
No fue el único retroceso del gobierno de Cristina y Alberto, ni el único avance de la lucha de la sociedad civil y la oposición política.
Hace muchos años descubrí, estudiando a algunos pensadores ya clásicos, que ni siquiera las dictaduras pueden apoyar su hegemonía en la pura fuerza.
Necesitan de un consentimiento, que en muchos casos, cuando deja de existir provoca su derrumbe como si se trataran de castillos de naipes.
La arbitrariedad y el maltrato de los “centros de aislamiento” en los que son apresados infectados y contactos estrechos por COVID en la Formosa de Insfrán, así como los dramas humanitarios por la prohibición de ingreso a la provincia, fueron los disparadores de la visibilización de un régimen que viola los derechos humanos desde hace décadas.
Hoy está en la mira de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Amnistía Internacional, Human Right Watch y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas a cargo de Michelle Bachelet.
Insfrán debió retroceder y permitir que la gente haga el aislamiento en su domicilio.
Pero el apoyo cerrado a Insfrán no sólo del kirchnerismo sino de todo el Partido Justicialista, da una aleccionadora medida del tipo de dinosaurios al que se enfrenta la sociedad democrática de la Argentina.
Según el gobierno nacional los “errores” y los “excesos” pertenecerían solo a las fuerzas de seguridad de Formosa y del resto del país y no guardarían relación alguna con la responsabilidad y las políticas de los poderes de estado que las dirigen. ¿A qué les recuerda? Falta que digan que “los argentinos somos derechos y humanos”.
Otro retroceso gubernamental, a pesar de su falta de voluntad y producto de una movilizada opinión pública sería, finalmente, el regreso de las clases presenciales.
Sin mayor espacio político tras un año de profundización de la desigualdad escolar, las clases comenzarían en todo el país, proceso liderado por CABA.
En provincia de Buenos Aires los esfuerzos de las escuelas estuvieron centrados en el reparto de alimentos, a lo que ahora va a sumarse la inoculación de vacunas.
Este año se prometió que además, en el tiempo restante, podrían dedicarse a enseñar.
No es necesario recordar a esa parte de los docentes que pusieron el alma con el único instrumento de la educación a distancia. Pero no vimos a los sindicatos en provincia exigir la entrega de computadoras en las villas, a diferencia de sus amigos muyahidines de la capital que sostienen cosas como que Larreta es peor que Insfrán.
El retroceso que el poder K impone a la sociedad es tal, que con tal de que vuelvan las clases presenciales ya parece no importarnos que vaya a darlas el mismísimo Zamba repartiendo falsedades históricas o las seños que ofrecen cálculos equivocados en la TV Pública.
En este último caso, la cantidad de errores por horas de emisión es tan grande, que las mentes más conspirativas empezaron a alucinar que se trata de alguna estrategia de dominación especial.
Cuesta ver lo simple. A veces el mal, como creía San Agustín, es simple ausencia de bien. Las chicas que multiplican los cálculos equivocados en la TV Pública son como esas criaturitas de Dios de las que en los barrios más populares los padres huyen porque consideran a la educación algo serio. No un apéndice de Desarrollo Social o de alguna organización ideológica particular.
Es una de las razones por las cuales durante los tres gobiernos anteriores del kirchnerismo hubo una transferencia neta de matrícula del sector estatal al privado. Contradiciendo la mentira del relato oficial y siendo la única excepción, paradójicamente, la Ciudad de Buenos Aires.
“Es un monstruo grande y pisa fuerte” como dice la canción, aquello a lo que nos enfrentamos. Pero podemos ganar. A pesar de que la inflación y el desempleo nos empobrezcan y el poder trabaje las 24 horas del día por la impunidad de los que nos saquearon y nos siguen saqueando. También trabajan por un plan que dure solo hasta el día de las elecciones. Se conforman con forzar el apoyo de su clientela, aunque el deterioro se acelere el día después.
Es por eso que un amplio triunfo opositor, con eje en un Juntos por el Cambio unido y renovado es condición de una supervivencia real para una salida posterior. No está escrito que sufrir esta gestión sea lo único a lo que podemos acceder.