top of page

Ni parche ni dinamita

  • 23 jul 2023
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 18 may 2025


En los últimos diez días, distintos escritores, sociólogos y ensayistas reflexionaron sobre el cuadro político y electoral intentando sobrevolar, con mayor o menor empeño, su posicionamiento directo respecto a las próximas elecciones PASO.


En otra coyuntura habría criticado este modo de abordar la reflexión, pero en esta ocasión voy a reivindicarlo, empatizando con millones de ciudadanos que constituyen la base social y electoral de Juntos por el Cambio (única interna que realmente importa) que guardan en silencio su opción entre las dos estrategias en disputa y aguardan con una expectativa mucho mayor el prometido desayuno del día después entre los bloques contendientes en el que se iniciaría la carrera para derrotar al peor gobierno, desde una perspectiva económica, social, política y cultural, de los últimos cuarenta años.


En tiempos de crisis, sufrimiento masivo, demagogias y facilismo, la reflexión política no puede ser completamente ajena a un difícil doble compromiso: con la esperanza y con la verdad.


Un conocido escritor acaba de publicar un gran artículo que me obliga, no obstante, a, fraternalmente, disentir en algunas de sus afirmaciones nodales.


Entre algunas de sus conclusiones y más allá del desarrollo de ideas sumamente certeras y valiosas, se destaca el hecho de que la ciudadanía se enfrentaría a alternativas de una enorme pobreza discursiva y conceptual. Estas alternativas podrían sintetizarse como “parche”, consistente fundamentalmente en el mantenimiento del statu quo y “dinamita” consistente en mera voluntad de destrucción y de sometimiento de una parte de la sociedad por otra. Pese a que deja abierta la posibilidad de que la presión social obligue a reformas en el primer caso y limite la voluntad de destrucción en el segundo.


Luego hace una mención secundaria al trabajo de los equipos técnicos aludiendo a que la agenda principal no sería fundamentalmente técnica sino política.


Nada de todo esto es, según mi humilde visión, lo que sucede en Juntos. La pasión puesta en la disputa y la radicalización de la misma no es ni la de quienes quieren un mero parche del Status Quo ni la de quienes tienen como único programa la pulsión primaria de destrucción del otro.


Sucede que los principales núcleos de ambos bloques proyectan en lo que creen debilidades estructurales del adversario la angustia y el terror al fracaso de lo que desearían fuera una victoria definitiva sobre 16 años de barbarie K. Al punto de que la desesperación del combate político hace decir cosas increíbles a todos y cada uno de los referentes nacionales en los que la sociedad cifra legítimas esperanzas.


Excluyo, por supuesto, de este conjunto de legítimas expectativas a los referentes del gobierno K y del señor “anti casta” que vende candidaturas porque allí el problema es otro. Allí las negligencias son, en ambos casos, por autoritarismo ya verificado, negligencias por ideología, por cinismo, por ignorancia o por corrupción.


Con respecto a los llamados “equipos técnicos”, la plataforma electoral de Juntos puede googlearse fácilmente y el esquema general de propuestas es, en algunos tramos, de alta calidad, aunque algunos creemos que hacen falta especificaciones y "traducciones".


Desde hace décadas, los llamados “equipos técnicos” son políticos. Algunos tenemos el privilegio de "asomarnos" a parte del debate que suscitan sin que nos sea dado “participar” de los mismos y en el caso de las elites más democráticas son de una aceptable profundidad. Aunque también es cierto que hay un límite para el conocimiento encerrado. Ni el trabajo más brillante puede evitar el moho de demasiados meses –en algunos casos años- de ausencia de relación con otros. Con su imprescindible exterior, también técnico.


Juntos por el Cambio tiene, a pesar de dichos límites, propuestas para cada uno de los problemas que hoy nos sumen en la pobreza masiva, en la ausencia de moneda, en la existencia de un Banco Central "reventado" en materia de divisas, en una educación devaluada y en un universo de niños y jubilados escalando mayoritariamente a un nuevo piso de miseria.


Hay algunas cuestiones que van a requerir mayor inteligencia (y no precisamente artificial) de mediano plazo, mal que les pese a muchos abanderados de ambos bloques de estas PASO. La legítima preocupación del genial Loris Zanatta respecto a un posible pacto corporativo panperonista no es, desgraciadamente, algo dependiente del resultado de ellas. Hay cosas que todos conocemos y otras que son –una vez más- meras proyecciones legítimas hacia algunos significantes medios llenos y medios vacíos de las dos estrategias en disputa.


Pero aprovechando un archipiélago distinto de reflexiones producido por el reciente fallecimiento de Adolfo Gilly, es importante recordar que pese a no haber llevado a cabo revolución alguna (entendida ésta según los cánones clásicos tradicionales), su “pasión por las causas justas”, como dice un querido amigo, produjo un gigantesco legado como historiador, académico y periodista que ha trascendido las ideologías.


Christopher Domínguez Michael dice en “Gilly, el amigo de Octavio Paz”: «Citando a Serge, camino de su exilio mexicano, Gilly se dibuja a sí mismo en su dimensión ética: “Todos traemos cantidad de errores y equivocaciones, porque el camino del pensamiento solo puede ser vacilante y a tropiezos. Creo que entre nuestras equivocaciones y errores está en primer lugar la intolerancia ante los nuestros. Viene ésta de ese sentimiento de poseer la verdad que está en el fondo de todas las convicciones fuertes, sentimiento justo y necesario –porque poseemos grandes verdades–, pero que forma también a los inquisidores y a los sectarios. Nuestra salvación está en una intransigencia tolerante, que consiste en reconocernos unos a otros el derecho al error, el más humano de los derechos, y el derecho de pensar diferente, el único que da sentido a la palabra libertad”».


Las ideas-fuerza de Juntos por el Cambio constituyen una causa justa. No sabemos aún hasta donde lograrán llegar sus transformaciones.


Pero salir de la pesadilla Cristina-Massa-Alberto y de quien eligieron como plan B, es decir, Javier Milei, ya es un primer paso.

bottom of page