Paciencia estratégica e indignación
- 26 ene
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Actualizado: 16 abr

A la paciencia estratégica fueron obligadas las sociedades, no los dirigentes, no los think tanks, que en muchos tópicos corren por detrás de la gente.
En el mundo de las áreas de influencia (de Estados Unidos, de Rusia, de Irán, de China) la paciencia estratégica no es una nueva actitud pasiva ni posibilista, pero sí tiene marcada una dirección general en la cual la “neutralidad” es tan poco deseable como posible.
Aun así, es obvio que el mundo no gusta, gusta poco o es escudriñado, vivido y actuado con mucha prudencia, observación y recelo.
Detrás de algunos debates ridículos que van quedando atrás, aguardan demandas y sufrimientos verdaderos.
Por ejemplo, a la humanidad que mira a Venezuela no le importan las posiciones arcaicas y anacrónicas acerca de si la captura de Maduro viola el principio de autodeterminación, en más de una ocasión utilizado como salvaguarda de regímenes autoritarios.
Es obvio que las miradas están puestas en cuándo se iniciará una transición verdadera al ejercicio de la soberanía popular, que devolvería a su pueblo a la premio Nobel de la Paz María Corina Machado, a su presidente recientemente electo y cuya elección fue usurpada, Edmundo González, o a quienes los venezolanos elijan.
La estrategia de Trump con la dictadura chavista de Delcy Rodríguez es similar a la encarada con la Bielorrusia de Lukashenko, dictadura y patio trasero de Vladimir Putin. Una coexistencia que se inicia con la liberación en cuentagotas de los presos políticos.
La sobreexhibida cuestión petrolera sólo va a impactar en el desarrollo venezolano, como advirtieron CEOs de varias compañías, cuando comience una transición política real.
Mientras tanto (y ya no desde la mirada de los CEOs) que el destino último del petróleo sea Estados Unidos o subsidiar a la radicalmente ineficiente economía cubana o a Irán, tampoco modifica en demasía la trágica vida económica de un pueblo tan digno como sometido.
La agenda de la unificación de las familias (con más de ocho millones de exiliados), la paz y la libertad, importa mucho más, como sabiamente manifestara una actriz de dicha comunidad, que el destino último del recurso energético, estructuralmente disminuido y malversado en las últimas décadas.
Dos lugares comunes de los ideologemas al uso hacen hincapié, en primer lugar, en que todo se trataba de petróleo y no de democracia o libertad; y en segundo lugar y como consecuencia (fenómeno más que incipiente), hay una valorización de estos últimos principios y los liderazgos que los encarnan, que durante 25 años fueron despreciados por parte de quienes, en algunos casos, ni siquiera fueron sensibles a las 10.000 ejecuciones extrajudiciales consignadas en el Informe Bachelet. Demasiados se apuran a decir “el rey está desnudo” (en relación a la operación estadounidense) viendo la paja en el ojo ajeno, mientras omiten que los reyezuelos propios ya están todos desnudos o políticamente muertos y representan la causa original de la tragedia.
La experiencia ha demostrado que no se trata de petróleo o libertad sino de petróleo y libertad.
Al trascendente y nuevamente postergado acuerdo Unión Europea - Mercosur, que crea la zona económica más grande del mundo y va a generar múltiples beneficios concretos a nuestros pueblos, debe sumarse, más allá de los tironeos entre intereses y liderazgos, un acuerdo de actores del mundo con un destino común y hoy en conflictos y dispersiones intermitentes o inestables.
Entre estos actores no puede dejar de estar el querido pueblo de Israel, al que estamos obligados a seguir cuidando por razones humanitarias, históricas y por tratarse de la única democracia de Oriente Medio, al igual que a su diáspora, acosada por la mayor ola de imbecilidad antisemita desde la segunda guerra. Tampoco, por supuesto, Estados Unidos y la mencionada Europa.
Todo esto pese a una actualidad que no excluye los rediseños bélicos y cuyas polaridades coyunturales hasta encontraron como caja de resonancia al Foro de Davos más politizado desde su constitución, con exposiciones de alta densidad conceptual. Desde la audaz y destacada intervención del premier canadiense Carney hasta la exposición moderada de Javier Milei, pasando por un Trump que avanza y retrocede con sus posiciones más polémicas, como resultado de las relaciones de fuerza no tanto militares sino económico-financieras y políticas.
Bienvenido el debate en aquellas regiones del mundo en que aún puede haberlo.
Porque por debajo de estos conflictos y acuerdos las demandas de democratización de los pueblos no piden permiso.
Así como muchos consideraron “imprudente” la demanda de Ucrania por pertenecer a Europa, el levantamiento en Irán podría despertar a Georgia.
Los acuerdos de reparto del mundo no están escritos en piedra ni son infalibles.
Mucho más en los casos en que demandas sociales, productivas, culturales, políticas, dejan de estar usurpadas luego de décadas y comienzan a ser guiadas por una paciencia estratégica y una observación aguda de sus sociedades.
Luego de la crisis de fenómenos como el peronismo y de ciertas formas del islamismo, la comunicación entre los dirigentes y sus pueblos albergarán agendas de nuevas racionalidades. Nuevas racionalidades que, de la mano de la sabiduría de la paciencia estratégica quizás nos sorprendan con nuevos amaneceres, sea en Venezuela, en Europa Oriental o en Argentina.