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Una clara mayoría nacional rechazó la amenaza golpista sin programa de un corrupto y desgastado kirchnerismo

  • 28 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 11 feb

Xul Solar. Ciudad Lagui.
Xul Solar. Ciudad Lagui.

El apoyo del gobierno de Estados Unidos y del PRO de adentro y de afuera de La Libertad Avanza resultó central para conjurar una amenaza que hastiaba con su agitación a una mayoría del país, de CABA y de la provincia de Buenos Aires.


La victoria de Patricia Bullrich por 50 puntos, expresada en su triunfo en todas y cada una de las comunas porteñas, así como la victoria de Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires colocaron a estos dos dirigentes en la cima de esta articulación con una necesidad de mayorías.


El mal desempeño de Provincias Unidas no se debe solamente a la polarización electoral extrema.


La debilidad de dicho frente se sintetiza en dos rasgos que lo marcaron desde su comienzo.

En primer lugar, el prematuro e indisimulable adueñamiento o tutelaje por parte del justicialismo de Córdoba, poco consistente con el electorado histórico de Cambiemos, que parecía el principal destinatario de la propuesta.


En segundo lugar, la ausencia de un perfil y personalidad política que impidiera que el tan mentado y remanido “centro” fuera pasible de ser percibido como presuntamente atrapado en una estrategia ajena. La de aquellos con una intencionalidad golpista expresa y que fueran, a su vez,  responsables del estrepitoso fracaso reciente.


Pero además, para quienes habitan “otros mundos” al interior de nuestra propia sociedad, hay que decir que los responsables del fracaso reciente son también los responsables del sufrimiento presente de millones de habitantes del AMBA que no somos vistos y que coexistimos, por ejemplo en nuestro conurbano, con los que usan hasta las instituciones imprescindibles de nuestra vida cotidiana como guarida.


Los que limpian la sangre de crímenes horrendos no tienen “vínculos” oficiales que no corresponden éticamente señalar, por casualidad. Las “afinidades electivas”, para usar la expresión de Weber, con los peores lúmpenes, trascienden los casos particulares y es una constante en la selección de  “amigos” por fuera de las grandes mayorías de trabajo a las que le hacen sentir todo el peso de “los que mandan”.


Desde hace décadas la política excluye o arroja por la ventana a gente con el capital técnico y ético básico para la inmensa tarea imprescindible de comenzar a limpiar este lupanar autoritario y hacer un poco más respirable nuestra vida pública.


En algunos casos porque incomodan o no entran en el radar pequeño o tosco de quienes tienen la inmensa responsabilidad de dirigir. En otros casos porque se trata de gente idónea y honesta presa de una estrategia equivocada. Una estrategia que no ve o dejó de ver, o eligió no mirar, entre todas las amenazas y “crueldades”, aquellas  que más sufre la mayoría real.


Pero vivimos en un mundo en donde no sólo se acabaron los monopolios éticos, sino la posibilidad de que los dirigidos obedezcan ciegamente a sus dirigentes, sean de derecha o de izquierda.


Vivimos en un mundo donde ya no están Churchill ni Adenauer. Pero no hay que viajar tan lejos en el tiempo. Tampoco hay un Willy Brandt. Y ya desde ambiciones más modestas ni siquiera inciden en nuestro tiempo Tony Blair con el andamiaje de Anthony Giddens o del recientemente fallecido Ludolfo Paramio.


Pero el mundo es el que es y nadie puede renunciar a la responsabilidad y el deber de mejorar nuestro metro cuadrado, como está de moda decir ahora.


El mismo presidente Trump que logra la histórica vuelta a casa de los rehenes con vida que permanecían secuestrados por Hamas y que rescata financieramente a la Argentina puede mañana regalarle a la dictadura de Putin una porción de Ucrania. O puede profundizar la persecución a residentes inmigrantes de su propio país, en una violación flagrante de la propia tradición de Estados Unidos y la democracia occidental.


Sin embargo, tomemos lo que sirve. El ex presidente Mauricio Macri, luego de haber arrasado en las elecciones de medio término de su mandato, tuvo que dejar el poder en manos del candidato de Cristina, Alberto Fernández. Por aquel entonces se decía que el país se incendiaba por pobreza y el peronismo la aumentó.


La boleta única de papel, triunfo de los ciudadanos que la impulsamos desde hace tantos años, rompió con el robo naturalizado de boletas en el conurbano que algún puntito siempre restaba a la voluntad del voto real.


En esa senda, resta confiar en la capacidad de quienes escuchan a las mayorías, no sólo de dialogar y acordar con el otro, sino de convocar y constituir las referencias técnicas, sociales, culturales y políticas para una sociedad normal y plural.


Una asignatura eternamente pendiente sin la cual, siempre vamos a optar en vez de elegir, en medio de amenazas que paralizan por igual a inversores, trabajadores y ciudadanos.


Lograr salir de esta trampa permanente es el deseo y la necesidad de muchos y el desafío de todos.

 

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