El galtierismo de Alberto y Cristina con las patas cada vez más cortas
- 31 ago 2020
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Actualizado: 10 ago 2024

Al momento de escribir estas líneas nuestro país ya estaba entre las once naciones con mayor número de infectados por coronavirus del mundo y entre las nueve primeras si solo tomamos en cuenta los casos activos.
Asimismo, el 85 por ciento del planeta está mejor que nosotros en la cantidad de fallecimientos por cada millón de habitantes.
Un dato alentador, a pesar de las responsabilidades de un sin número de gobiernos y de organismos multilaterales como la OMS en la mala gestión del desastre pandémico, es la velocidad del aprendizaje en tiempo real de miles de médicos de todo el mundo y de la comunidad científica, que modificó abruptamente la cantidad de gente que fallecía en terapia al comienzo de la crisis en relación a nuestros días.
Pero, desgraciadamente, Argentina, con sus más de 400.000 infectados y sus 8.400 fallecidos no está en manos de autoridades nacionales que tengan demasiados méritos para mostrar en la gestión de esta crisis, más allá de la comparación propagandística engañosa con el puñado de países que sufren consecuencias inmediatas peores a las nuestras, como efecto de la propagación del virus.
Mientras no poca gente suspira por la tranquilidad de la vida en el modesto y querido Uruguay, en estos seis meses de encierro en la Argentina pasaron otras cosas.
Pasó la destrucción de decenas de miles de empresas y de cientos de miles de puestos de trabajo, con una caída del producto que está muy por encima de la media mundial.
Mientras la gente está preocupada por el deterioro de sus perspectivas cotidianas de vida, está sucediendo un intento desesperado de desestructurar a los empujones todo el sistema de justicia a través del canje de votos por el regalo de juzgados federales. Al tiempo que se busca violentar el Ministerio Público Fiscal, apartar a dos jueces naturales y modificar la Corte con el único objetivo de lograr la impunidad de la vicepresidenta Cristina Kirchner.
Intentar cumplir con dicho objetivo constituye el único pacto gubernamental real y activo que hoy existe en el país y es lo que permite que haya un gobierno de “Alberto”, “Cristina” y Sergio Massa.
A un pueblo que continúa agotando su tolerancia a la corrupción en medio de penurias económicas se le quiere imponer una reforma que, como no se cansa de explicar una querida diputada nacional es “inoportuna, pretenciosa, abusiva, atrasada, equivocada e ilegal” al solo efecto de garantizar la impunidad de dicha corrupción.
Pero el regreso de la soberbia en modo “kirchnerismo 2015 empeorado” ya había comenzado con la aventura delirante de la expropiación de Vicentin y el desquicio de la suelta de delincuentes peligrosos. Sin embargo, generó la respuesta de una sociedad que se movilizó masivamente para avisar que quienes ganaron por siete puntos en el 2019 no tienen licencia para hacer cualquier cosa.
Además de la grieta –que es moral- hay múltiples brechas de información que es necesario achicar, dada la baja calidad "militante" de múltiples circuitos en pugna.
Es necesario, por ejemplo, contar que quienes inundamos masivamente las calles salimos por trabajo, por libertad, por república y para que continúe existiendo un sistema de justicia y no uno de impunidad.
Es así mayoritariamente, aunque el canal de Cristóbal López a quien Alberto y Cristina acaban de financiarle con dinero público 11.000 millones que habían sido robados al estado argentino, diga que se trata de militantes del dióxido de cloro contra una conspiración mundial de Soros.
Todas las mentiras tienen patas cortas pero mucho más las de los aventureros que hoy asolan al mundo llegando al gobierno para improvisar, así se coloquen ropajes justicieros de derecha, de izquierda o de esta cosa que se ha investido como cuarto gobierno K.
Mucho antes de que asumieran -y antes de que tuviésemos noticia de la pandemia- me adelanté a describirlos como parte de un fenómeno más amplio en un artículo, en noviembre del año pasado: Elecciones 2019: una pausa reaccionaria en la edad de la razón.
Pero muchos de quienes democrática y legítimamente eligieron a este gobierno lo hicieron ayudados por el mismo círculo rojo que primero inventó el albertismo rubio de ojos celestes y a Sergio Massa y que ahora acaba de inventar esa nueva teoría de los dos demonios por la cual Cristina y Macri serían lo mismo…
Esa versión soft del “que se vayan todos” a la carta, para cuando vecinos, trabajadores y ciudadanos encuentran a los mismos Frankensteins y Dráculas de siempre con las manos en la masa le digan que la culpa es “de toda la clase política”.
Como si Iguacel y Dietrich, que regaron el país con obras a un costo un 40 por ciento menor a las de Lázaro Báez, cuyas rutas mágicamente se interrumpían en la mitad del desierto santacruceño, fueran lo mismo por un logaritmo de quienes nunca se adaptaron a un capitalismo distinto a ese capitalismo de los amigos “nacionales y populares” que saquearon al pueblo argentino por décadas.
Una particular pesadilla social se inicia con el triunfo del Frente de Todos en las elecciones PASO del mes de Agosto de 2019, con Alberto celebrando la subida del dólar, repudiando para la tribuna al FMI e iniciando el pequeño caos que llegó para acompañarnos durante toda su gestión.
Pero afortunadamente, hay una oposición en Juntos por el Cambio que sostiene desde una variada pluralidad de referentes y desde distintas posiciones y miradas a un sistema institucional bastardeado desde el propio poder de estado y más allá del degradado estado del poder.
Muy por lo bajo casi todos reconocen, además, a las actuales gestiones de los distritos opositores como las mejores del país en la crisis. Sin embargo, es preferible no averiguar acerca de los esfuerzos de “coordinación” que asumen quienes no tratan con gente como Macri, que saneó la casi totalidad de las cuentas provinciales ajustándose a la ley y sin importar el color político de las respectivas provincias. Todos los testimonios coinciden en un idéntico comportamiento de María Eugenia Vidal para con los municipios de la provincia de Buenos Aires.
Pero como la esencia de la política es la delimitación (que no necesariamente significa conflicto) muchas veces los vecinos reclaman hoy su derecho a saber si con la misma pintura el intendente al que apoyó pintó tres verjas y el municipio de al lado ninguna, por la sencilla razón que en el de al lado están acostumbrados a hacerlo mal o a robarse la plata y, además, conocen al de al lado, al de arriba y al de más arriba. Y su vida no está cruzada solo por iguales, comprensivos y cooperantes; sino afectada por dirigentes buenos y malos, honestos y corruptos, racionales o delirantes.
Si la política se agotara en la gestión urbana, muy difícilmente alguien podría mostrar logros que superaran a CABA. Pero la vida es más caprichosa y compleja.
La torpeza del Ministro de Educación de la Nación, le puso amplificadores a la práctica de una legión de falangistas K que actúan en la peculiar comunidad educativa de CABA y muchos conocemos. Incluye desde supervisoras lunáticas desconocedoras de cualquier argumento oficial, hasta militantes que sostienen posiciones exactamente contrarias a las que sostenían el día anterior. Pasaron, con la misma superficialidad ideológica, de denunciar las clases a distancia como alguna suerte de avanzada neoliberal, a querer imponer su uso excluyente e impedir cualquier contacto físico en la escuela, siquiera, a los sectores más vulnerables del sistema escolar.
La encomiable intención porteña de ir a buscar a los 6500 alumnos que no lograron conectarse se inscribe en las tradicionales políticas compensatorias de los países más avanzados, cuya matriz no es otra que el socialismo moderado de posguerra.
Esa simple iniciativa reclamada y celebrada por un sentido común social que necesita comenzar a organizar el regreso al sistema educativo presencial, resultó intolerable para militantes y dirigentes kirchneristas capitalinos y nacionales con sus peculiares y extraños estándares de decodificación divorciada del mundo.
Asimismo, fue insólitamente retraducida por Alberto Fernández como excusa para declarar la utilidad pública y el control de precios de telefonía y comunicaciones “como en Finlandia”. Por supuesto, Finlandia aclaró que en su país rige la libre competencia entre empresas y la libertad de precios.
El surrealismo, para terminar, se completa con la saga iniciada por la Secretaria de Acceso a la Salud Carla Vizzotti al presentarnos la cifra de contagiados y muertos por COVID el día del niño.
En esa ocasión pretende enternecernos en la conferencia de prensa con una payasa. Quedará en los Annales la actuación del doctor Alejandro Costa interpretando a la nube, la lluvia, el pasto, el árbol, las hojas sobre el agua, el pulpo y el caracol.
Pero curiosamente, la propia Vizzotti nos prohíbe la risa. Como saliendo de un oscuro personaje de El nombre de la rosa y alegando que la risa contagia, nos recuerda quienes mandan y quienes deberíamos obedecer.
Los recientes insultos de Alberto Fernández a la Ciudad de Buenos Aires parecen no tener lógica, a menos que comprendamos que Argentina es como la rana de la fábula que ayuda a cruzar el charco a un escorpión que la pica, en medio del agua. El kirchnerismo y el PJ son como ese escorpión que no mide que podemos morir todos porque la picadura con veneno y a traición está en su naturaleza.
La utopía del país normal que muchos de sus acuñadores abandonaron por razones (o sin razones) ideológicas sigue siendo la revolución inconclusa más importante de la Argentina. El esfuerzo 2015-2019 fue sin duda, más allá del balance que cada quien tenga del mismo, el intento más importante construido en esa dirección.
Hoy, una lucha paciente contra los atropellos institucionales, sociales y económicos de los que somos objeto el conjunto de la sociedad argentina está en el orden del día. Pero también un apuntalamiento de nuestras mejores prácticas, un cambio hacia nuestros objetivos más importantes en función de las elecciones legislativas 2021 y hacia un cambio de rumbo en 2023 es lo que debe unir al conjunto de miradas de los partidos y ciudadanos que alimentan Juntos por el Cambio. Es necesaria una nueva esperanza para otro país.