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La mentira Cristina y los dos síntomas de una estafa

  • 19 nov 2022
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 11 ago 2024



Los dos últimos actos de Cristina Fernández de Kirchner, chocan con el carrito del supermercado, pero además, son síntomas diferentes de un tipo de poder que enferma, en las vísperas del placer fugaz del mundial de futbol.


El último acto, más estilizado, fue principalmente un happening de niños ricos de La Cámpora financiados desde las cajas de un estado impotente para resolver los problemas de un país masivamente sufriente, de un banco central vaciado y de una inflación desatada.


Parecía un festejo de lo que la señora no habló: el robo de un consejero de la Magistratura a la oposición política y el desacato abierto a la resolución de la Corte que ordena reponerlo.


Sin embargo, las falsedades habituales del relato estuvieron, esta vez, “aggiornadas” por tramos (como el de la inseguridad) directamente interpuestos a través del reconocimiento por pequeñas grageas, de las preocupaciones sociales medidas en encuestas.


No se trata de otra cosa que su desesperada puesta en escena como candidata, ante la próxima primera condena por gravísimos hechos de corrupción cometidos en el ejercicio de su gestión.


La centralidad de una exhibición en formato recital con la presencia de jóvenes funcionarios más o menos corruptos, más o menos irritantes, más o menos “simpáticos”, enajenaditos y viviendo con plata pública enajenada, contrasta con una nación globalmente empobrecida en dólares, más allá del puñado que juega a la especulación con la información y las decisiones privilegiadas del ministerio de economía. Ministerio auditado desde las sombras por el gobernador Kicillof y por la supuesta heroína que niega mentirosa y esquizofrénicamente formar parte de esta cosa a la que llaman gobierno. Un primer síntoma.


Sin embargo fue el acto anterior, en la UOM, el de las mentiras más toscas y el síntoma de la parábola más profunda representada por el peronismo.


Recuerdo como si fuera hoy, cómo hacia fines de los años 90 la UOM empujaba la segunda reelección de Menem cuando el repudio a su “modelo” era tan masivo y definitivo que no solo fue vencido en 1999, sino que terminó huyendo de la segunda vuelta del 2003, adelantándose a una derrota vaticinada como aplastante.


El microclima al interior de la UOM era tan ajeno a los indicadores de la época y al repudio social, que hubo un congreso del sindicato sesionando bajo “la presidencia honoraria de Carlos Menem”, el mismo Carlos Menem cuyas políticas eran acompañadas por la actual vicepresidente y su icónico esposo. ¿Casualidad? (Ver Nos quieren llevar al salto de pobreza estructural más grave desde el justicialismo de Menem).


El reciente acto con Cristina organizado por el ultrakirchnerista secretario general de la UOM parece completar la parábola de ajenidad a una sociedad que parece prepararse para enterrar al kirchnerismo de un modo tan contundente y definitivo como lo hiciera en el pasado con el ciclo de Carlos Menem.


Como copiando una publicidad acerca de las coincidencias con una copa ganada del mundo, en aquel entonces al oficialismo derrotado “lo bancaba la UOM”. Ahora también…

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